Artículo publicado por Vicenç Navarro en la revista digital SISTEMA, 3 de febrero de 2012
Este artículo señala como las políticas de austeridad no están consiguiendo el objetivo que sus promotores están afirmando. En realidad, tales recortes están dañando la economía impidiendo la recuperación económica y con ello la reducción del déficit y de la deuda pública. El fracaso de tales políticas muestra que lo que sus promotores intentan no es lo que proclaman sino el debilitamiento del mundo del trabajo a costa del enriquecimiento del mundo del capital. Con la excusa que utilizan se está atacando al Estado del Bienestar bajo el argumento erróneo de que no hay alternativas, cuando la experiencia histórica muestra que sí que las hay y que incluyen políticas de signo opuesto a las que se están desarrollando.
La falta de diversidad ideológica en los medios (que es especialmente acentuada en los forums económicos y financieros), con un dominio absoluto del pensamiento neoliberal, explica que auténticas frivolidades, fácilmente demostrables que son erróneas o falsas, se reproducen con toda pomposidad y contundencia, ignorando, cuando no ocultando, la evidencia empírica que las cuestiona. Así hemos visto como las políticas de austeridad con recortes de gasto público, incluyendo el gasto público social, que están desmantelando el Estado del Bienestar, se presentan como necesarias para recuperar “la confianza de los mercados financieros” y hacer posible que los Estados puedan conseguir dinero prestado.
Tal proposición, sin embargo, se ha mostrado que es errónea o falsa. La evidencia abrumadora demuestra que los recortes del gasto público no han conducido a la bajada de los intereses de los bonos públicos del Estado. Todo lo contrario, estos intereses han ido aumentando y aumentando hasta alcanzar niveles insostenibles. La evidencia está ahí para todo el que quiera verla. España ha estado recortando el gasto público de una manera muy notable, reduciendo beneficios sociales (reducción que hubiera sido impensable hace sólo cinco años) de una manera muy marcada, aprobándose incluso un cambio de la Constitución Española que en la práctica dificultará la resolución del enorme déficit de gasto publico social que existe en este país. Los intereses de su deuda, sin embargo, han ido subiendo sin que tales recortes hayan tenido un mayor impacto en el nivel de tales intereses. Los intereses de la deuda pública española continúan muy altos (el Gobierno Zapatero justificó los recortes de gasto público indicando que quería prevenir que España fuera intervenida, como lo fue Portugal. Todo ello fue en balde. El Presidente Rajoy indicó hace unos días que hará lo que hizo el gobierno portugués cuando fue intervenido).
Un tanto semejante ha estado ocurriendo en Grecia, donde los recortes han alcanzado niveles que están amenazando la continuidad del sistema constitucional con probabilidad de una revuelta popular en contra del orden establecido. Los intereses de su deuda, sin embargo, han alcanzado niveles imposibles de mantener. Una situación parecida, algo menos dramática, ha estado ocurriendo en Portugal, con reducciones muy notables de las pensiones y del empleo público, así como de los servicios públicos del Estado del Bienestar, todo ello sin que los intereses de su deuda estén bajando a niveles asumibles.
Y lo mismo en Irlanda, donde los recortes en las pensiones (10% de reducción) y reducción de empleo público han sido muy acentuados (entre otras reducciones de beneficios públicos y sociales), sin que los intereses de la deuda bajen a niveles que sean más asumibles para el Estado irlandés. Una situación semejante está ocurriendo ahora en Italia.
Es importante subrayar que todos estos países (llamados PIGS en la literatura anglosajona) se caracterizan por haber sido gobernados por las derechas –incluyendo la ultraderecha (España, Grecia y Portugal)- durante la mayoría del periodo post II Guerra Mundial, lo cual explica que todos ellos tengan unas políticas fiscales muy regresivas, un gran fraude fiscal y un Estado del Bienestar muy poco desarrollado. Tienen unas instituciones democráticas muy débiles y, todavía hoy, las fuerzas conservadoras tienen un gran dominio de la vida política y mediática, con unas derechas poderosas y unas izquierdas débiles y divididas. En todos estos países, el mundo del trabajo es débil y el capital (hegemonizado por el capital financiero) es fuerte.
Resultado de ello es que, en todos estos países, la respuesta de sus Estados a la crisis (que ha disparado el desempleo) ha sido predominantemente mediante recortes del gasto público, y muy en especial del social, todas ellas medidas clasistas que afectan negativamente al bienestar de las clases populares (clases trabajadoras y clases medias). Sólo últimamente los Estados PIGS han intentado reducir los déficits a base de aumentar los impuestos, aunque ha sido predominantemente una subida de aquéllos que afectan principalmente a las rentas del trabajo y del consumo más que a las rentas del capital, acentuando todavía más las desigualdades sociales, siendo éstos países los que tienen mayores desigualdades en la Eurozona.
A pesar de estas medidas, la famosa “confianza de los mercados” no se ha recuperado. En realidad, la deuda pública como porcentaje del PIB ha continuado aumentando desde el inicio de la crisis (2007), sin que los recortes hayan hecho mella en ella. España ha subido desde el 36% del PIB al 68%, Portugal del 68% al 102%, Grecia del 107% al 161%, Irlanda del 25% al 107%, e Italia del 103% al 120%.
El desastre de las políticas de austeridad
Las políticas de austeridad han sido un desastre (y no hay otra manera de decirlo). Y era fácil predecirlo como algunos hicimos. Y era predecible, porque la causa de la crisis estaba en las políticas neoliberales que redujeron las rentas del trabajo (y con ello forzaron el endeudamiento de la población, creándose un problema de escasez de demanda) a costa de un hiperbólico incremento de las rentas del capital, origen del comportamiento especulativo de la banca, pues la baja rentabilidad del capital productivo –consecuencia de la escasa demanda- determinó un aumento de las inversiones especulativas de mayor rentabilidad (tales como la burbuja inmobiliaria).
La concienciación del impacto insuficiente de la austeridad para resolver la crisis (en realidad, más que insuficiente, es perjudicial) es ahora la llamada a que hay que facilitar el crecimiento económico. Pero la manera como ello intenta conseguirse empeorará todavía más la recesión (que en varias partes de los países PIGS es ya una gran depresión). El dogma neoliberal indica que la falta de crecimiento se debe a la escasa competitividad de tales países debido a que tienen unos salarios demasiado altos. De ahí que impongan bajadas salariales, tanto en el sector privado como en el público, como manera de mejorar la competitividad. Pero la evidencia empírica muestra que los salarios reales (no los nominales) han ido descendiendo y, sin embargo, el crecimiento económico ha ido bajando. La famosa “devaluación doméstica” parece que no ha funcionado tampoco. Y es que, tal como están las cosas, tampoco puede funcionar, pues lo que es importante para que tal devaluación funcione no es tanto el salario real, sino el diferencial con los países centrales de la Eurozona, con los cuales España comercia. Si los salarios alemanes continúan bajos (en relación con su productividad), los salarios españoles tienen que bajar mucho más para poder compensar su menor productividad, lo cual conduce a España a una situación imposible, pues tal reducción significa un descenso muy marcado de la demanda, que es el origen del problema. De ahí la incoherencia de reconocer que hay que estimular la economía a fin de crecer de nuevo, y a la vez recortar los salarios y el gasto público, que son los elementos más importantes para que tal estímulo tenga lugar. Creerse que la economía va a ser estimulada a base del incremento de las exportaciones, es olvidar que está pasando en Alemania, el gran “modelo exportador”, donde el crecimiento económico (en contra de lo que anuncia sus defensores) ha sido muy escaso, habiendo incluso descendido en el último cuarto del año. Para exportar hay que importar, y los países importadores también están en recesión.
Vamos, pues, en camino de una Gran Depresión. Hay dos maneras de resolverlo. Una es a nivel europeo, con el establecimiento de una estructura federal que permita unas políticas expansivas, con grandes inversiones encaminadas a crear empleo y establecer las infraestructuras físicas y sociales que estimulen la demanda, basadas en políticas redistributivas, tal como ocurrió a principios del siglo XX, cuando el New Deal permitió salirse de la Gran Depresión y cuando Europa, después de la II Guerra Mundial se recuperó mediante la enorme expansión de gasto público, facilitado por el plan Marshall. Esto requiere un cambio de 180º en las políticas públicas.
La otra alternativa es que los países PIGS salgan de la Eurozona (individual o colectivamente), hecho que, en contra de lo que dicen los medios, es temido por los bancos de los países centrales pues, debido a la dependencia de tales instituciones financieras a la deuda pública de estos países, podría significar el colapso de su sistema financiero. Los países deudores tienen más poder de negociación de lo que son conscientes. Sólo la amenaza de salir del euro tendría impacto en cambiar las políticas de austeridad que hoy están imponiéndose en aquellos países.
El contexto político para permitir el cambio
Para cualquier estudioso de la realidad económica, conocedor de la historia económica y libre del dogma neoliberal que hoy imbuye los forums políticos y mediáticos del país, no es difícil ver qué es lo que debería hacerse para salir de la recesión. El mayor problema, sin embargo, no es económico, sino político. Las izquierdas a principios de siglo, en los años treinta, eran poderosas, estimuladas por una gran agitación social. Fue tal agitación y el poder de las izquierdas las que posibilitaron los programas New Deal que permitieron terminar con la Gran Depresión. Sin desmerecer la importancia del Presidente Roosevelt en la génesis del programa, el hecho es que, tal como el propio Presidente indicó, sin el movimiento obrero presionándolo, el New Deal no habría existido.
Un tanto igual ocurrió después de la II Guerra Mundial, una guerra que significó el fin del nazismo y del fascismo, y que radicalizó a la población europea, y muy en especial a la clase trabajadora, cuya agitación fue determinante para que se establecieran gobiernos de izquierda o gobiernos que no podían ignorar a las izquierdas fuertes en la oposición y en la calle. Es más, la existencia de la Unión Soviética, que, como reconoció Winston Churchill, jugó un papel clave en la derrota del nazismo en Europa, representaba una amenaza al orden capitalista, amenaza que estimuló el crecimiento del Plan Marshall, que facilitó enormemente la recuperación de las economías europeas occidentales.
Hoy, las izquierdas son débiles en Europa, y una causa de tal debilitamiento ha sido la desmovilización de las bases tradicionales de las izquierdas (y muy en especial de las clases trabajadoras) consecuencia de las políticas neoliberales llevadas a cabo por los instrumentos políticos gobernantes que tradicionalmente habían representado a tales clases. El neoliberalismo dentro de la socialdemocracia ha sido la causa de su declive. Y la desaparición de la amenaza de la Unión Soviética, así como la integración de la socialdemocracia en el marco neoliberal, ha roto todas las inhibiciones que el capital haya tenido, iniciando el ataque más frontal a las clases populares y al Estado del Bienestar que haya existido en el siglo XX y XXI. La lucha de clases la está ganando la clase capitalista (hoy redefinida como el 1% de la población) con escasa resistencia. De ahí la enorme urgencia de movilizarse para revertir esta situación. Hoy existe en Europa y en EEUU una gran agitación social, que apenas aparece en los medios. La calle está claramente agitada por movimientos, no sólo de protesta frente a los recortes, sino también de hartazgo en contra de unas instituciones que se autodefinen como representativas de la población y que, en cambio, están llevando a cabo políticas que sólo benefician a este 1% de la población. Este hartazgo representa una amenaza al orden vigente y requiere un cambio de los instrumentos políticos de las izquierdas mucho más profundo de lo que está ocurriendo.
Artículo publicado por Vicenç Navarro en el diario PÚBLICO, 2 de febrero de 2012
Este artículo muestra que en contra de lo que se está diciendo estos días en los mayores medios de difusión, la carga fiscal real (y no tanto nominal) en España es mucho menor que la existente en Suecia, situación incluso más acentuada en las rentas superiores.
A partir de la propuesta de aumentar los impuestos del IRPF que ha hecho el Gobierno del PP, se ha generado un gran número de reportajes en los medios de información que han comparado lo que pagan los ciudadanos de este país en impuestos sobre la renta personal con lo que pagan los ciudadanos de otros países. Y una observación muy generalizada es que, con el incremento nada menos que de siete puntos en la carga impositiva de las personas con mayores rentas, el tipo nominal superior (52%) ya es casi lo que pagan sus homólogos, los ricos, en Suecia. Con este entendimiento se concluye que, aun cuando estamos pagando impuestos como los suecos, nuestros beneficios y servicios públicos del Estado del bienestar están mucho menos desarrollados que los de aquel país, lo cual se atribuye erróneamente a un supuesto despilfarro del gasto público social. La prensa ha estado llena estos días de denuncias de cómo España no ha estado gastando bien su erario público social, como justificación para realizar recortes sustanciales en tal gasto.
En este argumento, sin embargo, se olvidan varios hechos, siendo el más importante el que los ingresos al Estado son mucho más bajos en España (32% del PIB) que en Suecia (54%) debido, precisamente, a que los españoles (y sobre todo las rentas superiores) pagan muchos menos impuestos que los suecos. Es cierto que la escala nominal en las gravaciones del IRPF nos acerca ya ahora al nivel sueco. Ahora bien, hay que aclarar inmediatamente que este aumento impositivo, aún siendo positivo por generar mayores recursos al Estado, será dramáticamente insuficiente para corregir el enorme déficit de ingresos al Estado. España es el país de la UE-15 que tiene menos ingresos al Estado debido, en parte, a la baja carga impositiva real de las rentas superiores.
Veamos los datos. Uno, es la enorme divergencia que existe entre carga nominal (lo que aparece en los libros) y carga real. Esta diferencia aumenta con el nivel de renta. Los superricos de España no pagan un 52% de sus ingresos al fisco del Estado (sea este central o autonómico). Los porcentajes reales son mucho más bajos que el 52%. Y una causa es que tienen muchas deducciones y maneras de evitar impuestos, de forma que su nivel real es mucho menor. Es más, además de deducciones, sus ganancias se derivan mayoritariamente de las rentas del capital, que se gravan mucho menos que las rentas del trabajo (alrededor de un 21% nominalmente). Mucho más bajo en la realidad.
Pero, además de ello, hay otra manera de evitar el fisco: no declarando la renta. El fraude fiscal alcanza dimensiones enormes. Según profesionales de la propia Agencia Tributaria del Estado, el fraude fiscal alcanza unas dimensiones de alrededor de 90.000 millones de euros, procedentes en su mayoría (el 72% del fraude fiscal) de las grandes fortunas, de las grandes empresas que facturan más de 150 millones de euros al año, y de la banca. Y ahí está uno de los orígenes de los escasos ingresos al Estado en España. Los superricos no pagan lo que pagan los superricos en Suecia, donde el fraude fiscal es mucho menor, la gravación de las rentas del capital son mayores y las deducciones apenas existen. En España las deducciones, como herramienta fiscal, favorecen sobre todo a las rentas superiores, las cuales tienen a su disposición toda una batería de ayudas legales que les enseñan cómo no pagar impuestos.
Otra gran diferencia con Suecia es la desigualdad de rentas existente en ambos países. Las desigualdades son mucho mayores en España que en Suecia. Así, en España, el ciudadano promedio que paga el tipo máximo, ingresa nominalmente 13 veces lo que ingresa el ciudadano medio y corriente que trabaja y paga impuestos a través de su nómina (y esta diferencia es incluso mayor cuando se consideran los ingresos reales, en lugar de los nominales). Tal diferencia en Suecia es mucho menor. Además, la tasa impositiva nominal para los que en España cobran más de 300.000 euros al año (el 52%, tipo impositivo máximo) se aplica en Suecia a los que ingresan dos veces lo que ingresa el ciudadano medio. De ahí que la mayoría pague más impuestos aunque sus tasas nominales de gravación sean casi iguales a las de España. La igualdad de rentas entre la población aumenta los ingresos al Estado.
Y una última razón de la enorme diferencia de ingresos al Estado entre Suecia y España es que hay mucha más gente trabajando y pagando impuestos en Suecia. El porcentaje de la población adulta que trabaja y paga impuestos es mucho más alta que en España. Y ello como consecuencia de la mayor participación laboral de la mujer en Suecia (70% versus 52% en España). La red de servicios a las familias (que quiere decir mujer) en Suecia facilita la integración de la mujer al mercado de trabajo. Y ello no ocurre en España.
En España, el enorme dominio de hombres procedentes de la burguesía, pequeña burguesía y clase media alta en los procesos de toma de decisiones económicas en el Estado, explica que se invierta mucho más en el AVE (tren de alta velocidad utilizado predominantemente por estas clases sociales) que en escuelas públicas de infancia y en servicios domiciliarios a las personas con dependencias, que al ayudar a la integración de la mujer al mercado de trabajo y a la creación de empleo, estimulan la economía mucho más que aquellas inversiones en el AVE. No es casualidad que los países donde las clases más pudientes (y los hombres) tienen mayor dominio sobre el Estado sean países (como España) más desiguales, con menos carga fiscal, mayor fraude fiscal y menor eficacia y equidad en sus políticas públicas, que países donde las clases populares han tenido históricamente mayor dominio sobre el Estado (Suecia). Así de claro.
A raíz de las declaraciones del economista Paul Krugman a Le Monde aconsejando que España reduzca sus salarios un 20% para salir de la crisis, el blog del profesor Navarro publica su artículo “Por qué Paul Krugman está equivocado en sus recetas para España”.
Este artículo critica las dos propuestas que Paul Krugman ha hecho a España para que salga de la crisis. Una es la salida de España del Euro y la otra la bajada de salarios para hacer a España más competitiva. El artículo presenta otra alternativa que requiere cambios sustanciales de las políticas fiscales que permitan políticas expansivas con la activa creación de empleo por parte del Estado mostrando datos de cómo financiar tales medidas. El artículo también señala los cambios que deberían realizarse en la Unión Europea en sentido opuesto a los que se están implementando.
Paul Krugman es, sin lugar a dudas, uno de los economistas más influyentes del mundo y, muy en particular, en círculos de centroizquierda. Se ha ganado una bien merecida fama a base de cuestionar las teorías neoliberales tan en boga en la cultura económica europea (incluyendo la española). Sus análisis de la economía estadounidense y sus críticas al Partido Republicano y también a la Administración Obama son, en mi opinión, muy acertadas. Columnista habitual del The New York Times, sus columnas aparecen traducidas en El País, lo cual no deja de ser sorprendente, pues en las páginas económicas de tal rotativo raramente aparecen posturas keynesianas, próximas al pensamiento de Paul Krugman, firmadas por economistas españoles (para ver una crítica del escaso abanico de sensibilidades que aparecen en las páginas económicas de El País, en su mal llamado debate sobre como resolver la crisis financiera, leer mi artículo “¿Necesita España un látigo para salir de la crisis?” Sistema Digital, 25.03.11).
Paul Krugman es pues una referencia obligada en la literatura de cómo salir de la crisis económica y financiera. Su visión, sin embargo, de cómo salir de la crisis en España está equivocada. Indica en su famoso artículo publicado en el suplemento dominical de The New York Times “¿Can Europe Be Saved?” (¿Tiene Salvación Europa?), 16.01.2011, reproducido en El País, que España tiene sólo dos salidas. Una es incrementar su competitividad a base de disminuir sus salarios (lo que llama la devaluación doméstica y que es la solución que se está siguiendo en España). La otra, salir del euro y devaluar su moneda. Esta última alternativa permitiría además de hacer los productos españoles más baratos, reducir el coste de la deuda española pues, al reducirse el coste de la moneda se reduciría también el coste de la deuda. Krugman está hablando de la Eurozona (aunque el título sea Europa) y su referencia a España entra dentro de sus reflexiones sobre lo que llaman los PIGS (Portugal, Irlanda, Grecia y España- Spain), expresión que en inglés quiere decir los “cerdos”.
En las recomendaciones que hace Krugman se asume –supuesto que también hace el gobierno Merkel y el gobierno Zapatero- que la manera de que España salga de la crisis es aumentando su competitividad, y considera que para conseguir este fin, una alternativa (de las dos que propone) es reducir los salarios. Lo que se deduce de esta observación es otro supuesto, que es altamente cuestionable: que la competitividad y las exportaciones dependen en estos momentos primordialmente de los precios de los productos. Esta lectura, sin embargo, no corresponde a la realidad, para el tipo de exportaciones que tiene España, para las cuales el precio en sí no es, en este momento, el factor determinante. Esto lo hemos visto claramente también en Alemania, donde el gran crecimiento de las exportaciones (y parte del tipo de exportaciones alemanas es semejante al español) no ha tenido mucho que ver con una disminución de los precios de los productos que se exportan (ver mi artículo citado anteriormente). En realidad, tales precios no han variado nada en los últimos años. Es importante que esto se entienda. El aumento de las exportaciones ha implicado un aumento de la riqueza alemana. Pero este aumento no ha ido a aumentar los salarios (cuyo porcentaje como porcentaje del PIB ha ido descendiendo), sino a incrementar astronómicamente los beneficios empresariales. De ahí que la reducción salarial aumentaría los beneficios (como está ocurriendo en Alemania) sin que repercutiera en las exportaciones. Éstas, por cierto, ha continuado incrementándose en España, incluso en los años de crisis.
Hay un punto, sin embargo, que debe citarse y que raramente se cita cuando se menciona el bajo desempleo alemán como indicador del éxito del modelo alemán, basado en las exportaciones. Y es que el aumento de las exportaciones no ha significado una destrucción de empleo en Alemania y ello como consecuencia del sistema de cogestión de las empresas exportadoras, con los trabajadores compartiendo las decisiones con los gestores de las empresas. Las mayores cadenas manufactureras de exportación se han comprometido a que la exportación de productos alemanes no se haga a base de exportación de puestos de trabajo. Tal sistema de cogestión en España, sin embargo, no existe. (Ver “Lo que no se dice sobre el supuesto “milagro alemán””, Sistema Digital, 18.03.11)
¿ES LA SALIDA DE ESPAÑA DE ESPAÑA DEL EURO PARTE DE LA SOLUCIÓN?
Referente a la otra alternativa, la salida de España del euro no es una idea descabellada. Suecia (que no pertenece a la Eurozona) ha podido salir de la crisis más rápidamente y fácilmente que Finlandia (que si pertenece a la Eurozona). Pero, salir del euro es mucho más difícil que entrar en el euro (y la moneda sueca es más fuerte que lo sería la peseta, por las razones que citaré más adelante). Salirse del euro sería, en cierta medida, comparable a que California saliera del dólar. Sería dificilísimo y ello requeriría la secesión de California de los EE.UU. La salida del euro, sin embargo, para España no significaría tener que salir de la Unión Europea. Ahora bien, en el caso español el capital financiero alemán y francés, que poseen gran parte de la deuda española no lo permitirían, pues ello significaría enormes pérdidas para los bancos alemanes y franceses. Dicho todo ello, esto no implica que la posible salida de España del euro no pudiera utilizarse como una amenaza, pues ello supondría un problema grave para el capital financiero alemán. Salir del euro podría utilizarse por el gobierno español como negociación con la UE, sin descartar en caso último que ello ocurriera. La situación actual es insostenible, pues la economía española estará en la situación actual durante muchos años, con un problema enorme de desempleo.
Hay una tercera alternativa, sin embargo, que debiera plantearse a nivel español y a nivel europeo. Pero para resolver este problema hay que entender su causa, es decir, la causa de la crisis que creo francamente no se está entendiendo y/o considerando en los círculos gobernantes y en el establishment de la UE. El mayor problema que España (y la UE) tiene es la falta de demanda y la escasez de crédito. El primero se debe en gran parte al elevado desempleo. No podrá salirse de la crisis a no ser que el desempleo baje rápidamente. Y para ello es esencial que el Estado cree empleo. Si España, que tiene un estado del bienestar muy poco desarrollado, tuviera el porcentaje de la población adulta que trabaja en el estado del bienestar que tiene Suecia (25%), en lugar del que ahora tiene (9%), habría 4.851.854 más puestos de trabajo, un número mayor que el número de personas desempleadas 4.333.000. No habría pues desempleo en España. En contra de lo que se está haciendo, el Estado debiera crear empleo masivamente, estimulando la demanda y corrigiendo el enorme déficit social de España, que es una de las causas de su retraso económico y de su escasa recuperación.
EL PROBLEMA NO ES LA FALTA DE RECURSOS: ES FALTA DE VOLUNTAD POLÍTICA
La respuesta predecible es que no hay recursos para hacer tal inversión. Lo cual no es cierto y es fácil de mostrar. Los recursos existen. Lo que ocurre es que el estado no los recoge. El PIB per cápita de España es el 84% del PIB per cápita de Suecia. En cambio, el gasto público social per cápita (que cubre todos los gastos del estado del bienestar) es sólo el 64% del de Suecia. Si en España, el Estado recogiera en impuestos el porcentaje que consigue el estado sueco (53%), en lugar del 34% (que es lo que consigue ahora), el estado español recogería 200.000 millones de euros más de los que recoge, lo cual sería una cantidad de más del doble de la que se requeriría (80.000 millones) para cubrir los enormes déficits sociales de España y crear el empleo citado en el párrafo anterior.
El Estado español, como lo son los estados PIGS, es un estado pobre y muy poco redistributivo, resultado del enorme dominio que las derechas han tenido históricamente sobre tales estados. Ahí está la raíz del problema: la política fiscal regresiva, que refleja todavía el enorme poder de las derechas sobre tales estados. Es esta la causa de la debilidad de la peseta versus la corona sueca. El Estado español es un estado débil y poco desarrollado (en contra de lo que aduce el pensamiento conservador y neoliberal en España), mientras que el Estado sueco es un estado fuerte y redistributivo.
Referente a la escasez de crédito, la solución pasa por crear bancas públicas y condicionar las ayudas públicas a la banca privada a la recuperación de su función social (hoy muy olvidada) de garantizar la disponibilidad de crédito. En este aspecto, el rol del Banco de España –como lobby de la Banca- ha sido muy negativo y refleja de nuevo, el enorme dominio de las derechas sobre tal institución. El pensamiento neoliberal domina tal institución como muestran las proclamas del actual gobernador neo-ultraliberal del Banco de España, el Sr. Fernández Ordóñez paradójicamente nombrado por un gobierno socialista.
Y a nivel europeo debería hacerse del Banco Central Europeo un Banco Central como el Federal Reserve Board, EE.UU.; deberían establecerse eurobonos que pasarían a ser la deuda europea; deberían desarrollarse políticas fiscales comunes; aprobarse un presupuesto mayor con objetivo estimulante de la economía y establecerse un pacto social a nivel europeo. Es frustrante que el partido mayoritario de las izquierdas, que solía llamarse Partido Socialista Europeo, no esté presionando para que se realicen tales cambios.
Éstas son, pues, las políticas que debieran realizarse en España y en Europa. Que se realicen o no depende única y exclusivamente de la voluntad política y de las relaciones de poder de clase en el estado español. Las políticas seguidas por el gobierno actual van, precisamente, en sentido contrario a lo que un gobierno con sensibilidad socialdemócrata debiera realizar. Tal gobierno se enorgullece del aplauso que recibe de los centros financieros de clara persuasión neoliberal y se olvida de la enorme impopularidad que tales políticas representan para las clases populares de España y del resto de Europa. Las políticas que se están siguiendo no nos sacarán de la crisis. A no ser que se sigan las aquí apuntadas (que serían además enormemente populares) la crisis no se resolverá.
Artículo publicado en SISTEMA Digital, 15 de abril de 2010
Ver artículo en PDF
Artículo publicado por Vicenç Navarro en el diario digital EL PLURAL, 30 de enero de 2011
Este artículo señala que la crisis actual requiere intervenciones del Estado más profundas de las que la mayoría de partidos socialdemócratas en Europa están proponiendo, incluyendo medidas redistributivas de gran calado que permitan generar los suficientes recursos para realizar una inversión masiva de gasto público en crear empleo.
Aunque parezca difícil es importante recordar que hace aproximadamente doce años la socialdemocracia gobernaba en la mayoría de los países de la Unión Europea de los Quince (el grupo de países más desarrollados económicamente de la Unión Europea) y dentro de los países de la Eurozona. Hoy apenas existen gobiernos socialdemócratas en la UE-15 y en la Eurozona.
Mucho se ha escrito sobre las causas de este hecho. Pero todo indica que una de las causas más importantes de este declive fue la adopción por parte de tales gobiernos socialdemócratas de políticas de claro corte neoliberal que incluían políticas de austeridad de gasto público (incluyendo gasto público social), políticas fiscales regresivas (reducción de impuestos y aumento de su regresividad), desregulación de los mercados financieros (facilitando la especulación) y laborales (facilitando el despido) y otras intervenciones, que fueron todas ellas altamente impopulares entre sus bases electorales. La evidencia de ello es robusta y no da lugar a dudas. La captación de los equipos económicos de los gobiernos socialdemócratas por parte del pensamiento neoliberal fue una causa determinante de su declive político, declive que se mostró, no sólo en un descenso muy marcado de su apoyo electoral, sino también en una reducción muy significativa del número de militantes y simpatizantes de tales partidos. El desencanto de las bases de los partidos socialdemócratas hacia tales políticas y hacia los dirigentes que las llevaban a cabo, alcanzó unas dimensiones nunca vistas antes en su historia.
Su caída electoral en picado fue la causa de que las derechas recuperaran el poder. Una vez en el gobierno, estos partidos conservadores y liberales (en realidad neoliberales) han extendido todavía más estas políticas que han profundizado la recesión, aprovechándose de ésta para poder conseguir lo que siempre desearon, es decir, el debilitamiento del mundo del trabajo y del Estado del Bienestar. La gran impopularidad de tales políticas ha aumentado las posibilidades de que los partidos socialdemócratas puedan recuperar el poder político y gobernar de nuevo.
Lo auténticamente preocupante, sin embargo, es que la gran mayoría de tales partidos no han hecho los cambios necesarios en sus políticas económicas, sociales y fiscales (ni tampoco en su personal directivo) que puedan abrir un capítulo nuevo de esperanza para poder salir de lo que va en vía de convertirse en la II Gran Depresión. Tales partidos no han roto con el pensamiento neoliberal que continúa dominando las mayores instituciones que gobiernan la UE-15 y la Eurozona, ni tampoco han presentado una alternativa, claramente expansionista, que permita resolver la situación económica y social de la Unión Europea. Como bien escribe George Irvin, profesor de Economía de la Universidad de Londres, en su último artículo “Have Social Democrats Surrendered?” en (Social Europe Journal), es enormemente decepcionante ver el continuismo entre la “nueva” y la “anterior” socialdemocracia. El supuestamente nuevo PD italiano, el Partido Demócrata de izquierdas (continuador del que fue en su día poderoso Partido Comunista italiano) apoya las políticas neoliberales del mal llamado “gobierno tecnócrata” del Sr. Monti (un banquero ultraliberal). El candidato socialista francés, François Hollande, hace gala de su rectitud fiscal como manera de mantener su credibilidad (entendiendo credibilidad como austeridad). Ed Balls, el portavoz de temas económicos del Partido Laborista, indica que el futuro gobierno laborista mantendrá los recortes del Sr. David Cameron, en caso de que gane las próximas elecciones. Los dos candidatos a la Secretaría General del Partido socialdemócrata español no han hecho ni críticas de las políticas económicas neoliberales del gobierno Zapatero (del cual formaron parte), ni han hecho propuestas claramente expansivas de gasto público para crear empleo, remarcando, en cambio, que los recortes debieran ser menos acentuados (recortes que inició el gobierno Zapatero) de los que realiza el gobierno conservador-neoliberal del PP y la reducción del déficit público debería ser más lenta que lo programado, pero, por lo demás, no hay ninguna apuesta por una gran inversión y aumento notable del gasto público.
Como indica George Irvin, no ha habido un cambio suficiente en la socialdemocracia europea que permita albergar esperanzas para el futuro. Después de todo no es tan difícil ver qué es lo que debiera hacerse en estos momentos de crisis. Es necesaria una inversión masiva en creación de empleo, como ocurrió con el New Deal en EEUU a principios del siglo XX o en los años cuarenta y cincuenta en Europa, en la reconstrucción que siguió a la II guerra Mundial, facilitada por el Plan Marshall. La socialdemocracia europea, por mucho que diga lo contrario, todavía no considera que el mayor problema económico en la UE sea el desempleo y la escasa capacidad adquisitiva de la población, en lugar de la deuda y el déficit público. Parecen no ser conscientes de que estos últimos se resolverán cuando se resuelva el primero, no al revés, como la sabiduría convencional neoliberal predica.
¿Es posible el New Deal en la Unión Europea y en España?
La respuesta a esta pregunta es un rotundo sí. La Unión Europea tiene los recursos para hacer esta expansión masiva del gasto público con el objetivo de crear empleo en los sectores deficitarios que van desde el Estado del Bienestar a los sectores energéticos y economía alternativa. (Por cierto, la crítica a la socialdemocracia podría también aplicarse a la mayoría de los partidos verdes mayoritarios que no han hecho propuestas de inversión pública masiva a nivel europeo). En realidad, la gran paradoja es que, a pesar del aumento de la productividad que ha estado ocurriendo en todos los países de la UE-15, las rentas del trabajo han disminuido como porcentaje de la renta nacional, y los ingresos al Estado también han estado bajando en la gran mayoría de países de la Eurozona y de a UE-15, incluyendo España. Las rentas del capital, sin embargo, han subido enormemente. Esta realidad, ampliamente documentada en muchos escritos (véase el libro Hay alternativas. Propuestas para crear empleo y bienestar social en España, de Juan Torres, Alberto Garzón y Vicenç Navarro), muestra que sí que hay recursos. El problema es que están mal distribuidos, con excesiva concentración de las rentas en los sectores más pudientes de la sociedad. Y ahí está la raíz del problema, tanto en la UE como en España. No puede haber una inversión masiva encaminada a estimular la economía sin una reforma fiscal redistributiva de gran calado que permita un aumento muy notable de la inversión pública. Tal como he señalado en otro artículo (“El abandono de las políticas redistributivas por las izquierdas gobernantes”. Sistema Digital. 06.01.12), el abandono de las políticas redistributivas por parte de la socialdemocracia (y de los partidos verdes) ha llevado a la crisis actual. A no ser que cambien y recuperen su compromiso con la redistribución, no habrá salida de la crisis. El principio de “a cada uno según su necesidad, de cada uno según su habilidad y capacidad” es tan relevante ahora como en la historia de tal movimiento.
La mala distribución de los recursos ha significado un enorme empobrecimiento del Estado. El fraude fiscal, predominantemente de las rentas superiores, ha alcanzado unos niveles sin precedentes, tanto en la UE como en España. Las cifras estimadas a nivel de la UE consideran que el fraude fiscal representa como promedio el 13% del PIB de la Unión Europea, porcentaje que aumenta mucho más en los países de la periferia. En España es un 23%. Y hay que repetir que este fraude se concentra sobre todo en las rentas superiores, tal como el caso español muestra claramente. Según los técnicos de la Agencia Tributaria del Estado español, el 72% de todo el fraude fiscal en España lo realizan las grandes fortunas, las grandes empresas que facturan más de 150 millones de euros al año (que representan un 0,01% de todas las empresas) y la banca. Este 72% representa 64.000 millones de euros, cantidad equivalente a todos los recortes que está realizando el Estado español. ¿Se atreverán los partidos socialdemócratas a enfrentarse con los grandes evasores fiscales? La experiencia hasta ahora ha sido deprimente.
Artículo publicado por Vicenç Navarro en la revista digital SISTEMA, 27 de enero de 2012
El artículo critica las condiciones que el Banco Central Europeo está imponiendo a los Estados español e italiano para comprarles deuda pública, señalando que tales condiciones deterioran todavía más la recesión que estos países están sufriendo. El artículo propone condiciones alternativas que favorecerían la salida de la recesión de estos países.
La situación en la Eurozona está preocupando en gran manera a muchos centros de análisis económico en EEUU, como el Center for Economic and Policy Research, de Washington, uno de los centros que goza de mayor prestigio en los círculos económicos y políticos de EEUU. El gran stress que supone para la economía italiana tener que pagar unos intereses de su deuda pública de hasta un 7,7%, provocando la alarma, no sólo del Estado italiano, sino también para muchos políticos y economistas estadounidenses que temen que el colapso de la deuda pública italiana (y quizá de la española) sea mucho peor (no sólo para los habitantes de los países de la Eurozona, sino también para los ciudadanos de EEUU, entre otros países) que el colapso de Lehman Brothers en 2008.
Desesperados por lo que consideran la enorme incompetencia o poca vista del Banco Central Europeo (BCE), dada su resistencia a comprar masivamente deuda pública italiana, forzando así el descenso de los elevados intereses de tal deuda, muchos economistas progresistas de EE.UU. están sugiriendo que sea el Banco Central Estadounidense, el Federal Reserve Board, el que la compre, ayudando a Italia. El hecho de que un país compre la deuda pública de otro país no es un fenómeno nuevo. En realidad el Banco Central de China ha comprado deuda pública de EEUU con los dólares sobrantes de su enorme superávit comercial, convirtiéndose en uno de los mayores propietarios de bonos del gobierno federal de EE.UU. La compra por parte del Federal Reserve Board de los bonos del Estado italiano (y español) reduciría la posibilidad de que colapse toda su deuda pública, con el caos internacional que ello conllevaría.
Ahora bien, según Dean Barker, el director del Center for Economic and Policy Research de Washington, D.C., ello no se debería hacer sin antes poner unas condiciones, totalmente diferentes y opuestas a las que ha estado exigiendo el Banco Central Europeo como condición para comprar bonos públicos italianos y españoles. Recientemente se ha informado de que el Sr. Trichet, cuando era gobernador del BCE, y el gobernador del Banco Central italiano, escribieron una carta al que era entonces el Presidente Berlusconi (y parece ser que otra casi idéntica al Presidente Zapatero de España, escrito por Trichet y Fernández Ordóñez, el gobernador del Banco de España), en la que se ponía como condición para comprar bonos estatales que tal Estado se comprometiera a desregular los mercados laborales, a reducir los salarios y a reducir la protección social. En otras palabras, tales personajes utilizaron el enorme poder del BCE para debilitar el mundo del trabajo a fin de conseguir unos mayores beneficios para el capital.
Dean Baker cree que esta condición establecida por el BCE a Italia y a España es un profundo error, pues debilitaría todavía más la demanda doméstica, que es el origen principal de la crisis económica. Lo que sí cree Dean Baker aconsejable es que el Federal Reserve Board ponga como condición para comprar los bonos públicos italianos (y españoles) que el Estado italiano (y el español) haga una reforma fiscal que permitiera unos mayores ingresos al Estado a base de eliminar el fraude fiscal y corregir la enorme regresividad de los impuestos. No es casualidad que los países donde hay mayores problemas de endeudamiento público (Grecia, Irlanda, Portugal, España e Italia) son aquéllos de la Eurozona que tienen unos salarios más bajos, una menor protección social y una menor progresividad fiscal.
Sería, pues, aconsejable que se exigiera a tales Estados que tomaran las medidas que les permitieran disminuir su endeudamiento. Que no se haga se debe al excesivo poder que la banca (y la gran patronal) tienen sobre el BCE y sobre los Estados italiano (y español). ¿Por qué las izquierdas europeas no están exigiendo al BCE que cambie las condiciones de comprar deuda pública?
Ver artículo en PDF
Artículo publicado por Vicenç Navarro en el diario digital EL PLURAL, 23 de enero de 2011
Este artículo explica las causas que se esté promocionando ahora la figura de Margaret Thatcher, fiel y dócil sirviente del establishment británico, que inició unas políticas neoliberales que han dañado enormemente el bienestar de las clases populares de la Gran Bretaña. El artículo muestra el lado de Thatcher ocultado en la película “La Dama de Hierro”, que se presenta como una imagen equilibrada de esta figura histórica cuando en realidad muestra una versión idealizada y profundamente errónea que no se corresponde con la realidad. El artículo señala que Margaret Thatcher fue, como Reagan, una de las figuras más reaccionarias que ha habido en el siglo XX.
¿Por qué la promoción a Margaret Thatcher ahora? Existe una percepción bastante generalizada en círculos conservadores de que lo que se necesita en estos momentos difíciles de crisis es un líder de un gobierno que se atreva a hacer los cambios necesarios, enfrentándose con grupos poderosos, responsables de la crisis. Entre éstos, se considera a los sindicatos como uno de los más culpables del elevado desempleo. En su supuesta “defensa egoísta” de sus propios intereses (atribuyéndoles una estrechez de miras al preocuparse exclusivamente de los trabajadores que ya tienen trabajo –los famosos “insiders”-), los sindicatos están dificultando la integración en el mercado de trabajo de los jóvenes, las mujeres y otros colectivos –conocidos como los “outsiders”-. Lo que se requiere –se nos dice- es que hay que debilitar a los sindicatos e implementar, entre otras medidas, la facilidad de despedir a los trabajadores con contrato fijo, haciendo más fácil que los “insiders” se conviertan en “outsiders”, lo cual, paradójicamente, facilitará -según ellos- el descenso del desempleo. En esta interpretación de los hechos, el elevado desempleo en España se atribuye al excesivo poder de los sindicatos con los cuales nadie se atreve. Lo que hace falta es alguien con bemoles que los ponga en cintura y, de paso, reduzca los derechos sociales y laborales adquiridos, desmontando el Estado del Bienestar pues, no sólo éste consume recursos que el país no tiene, sino que la disponibilidad de tantos beneficios sociales ablanda a la ciudadanía y le da excesiva seguridad, perdiendo su creatividad y actitud emprendedora. Se tiene que reducir la supuestamente excesiva protección social para fortalecer el espíritu emprendedor de la población. Competitividad y dinamismo tienen que sustituir a colaboración, solidaridad y seguridad.
Durante estos años de crisis hemos visto el dominio de este pensamiento en centros financieros, empresariales, mediáticos y políticos de países a los dos lados del Atlántico Norte. El deterioro de la situación económica que la aplicación de las políticas que derivan de este pensamiento conservador y neoliberal están creando, ha generado la llamada por parte de estos centros a una figura política (que solía llamarse Caudillo, y ahora se la define como “personalidad a quien no le tiemblen las manos”) para enfrentarse con los “poderosos”, como los sindicatos, los funcionarios públicos, las clases populares y una larga lista de sectores de la población que no se caracterizan precisamente por tener gran poder económico, financiero, mediático o político. En realidad, “valentía o machismo político” es atreverse a enfrentarse con los débiles, en representación de los poderosos.
Lo que la película no dice
Un ejemplo de este supuesto coraje político es la llamada Dama de Hierro, Margaret Thatcher, la figura política en Gran Bretaña que ha sido más dócil y servil hacia los grupos más poderosos de aquel país (desde la City, el centro financiero de aquel país, al gran mundo empresarial). Tal “líder” era un mero instrumento de tales poderes, realidad ocultada en la película “La Dama de Hierro”, (que idealiza tal figura hasta niveles hiperbólicos). Lejos de ser la figura anti-establishment británico como la película presenta, Margaret Thatcher fue un producto de tal establishment, promocionada por el mismo. Gran Bretaña (un país en el que viví durante varios años) es un país donde clase social adquiere una dimensión muy marcada en la vida cotidiana de la población. Tal establishment británico siempre se ha preocupado de la imagen que su instrumento político (el Partido Conservador) da cara a la población. La procedencia social de sus dirigentes da una imagen que preocupa al establishment. De ahí que, en un momento de gran agitación social, tal establishment necesitaba dirigentes que no procedieran de las clases dominantes, que rompieran esta imagen. Thatcher, hija de tenderos, y Major, hijo de un desempleado, fueron figuras elegidas para romper con aquella imagen que, a pesar de estos cambios, el Partido Conservador continúa teniendo (David Cameron es hijo de una familia con una gran fortuna).
Thatcher fue una figura promovida por el establishment con el objetivo de destruir a los sindicatos, cuyo grupo central y más radical, fue el sindicato de mineros. Redujo también la protección social, hasta tal punto, que la mortalidad en la mayoría de sectores populares (tal como ha documentado extensamente Richard G. Wilkinson en su libro Unhealthy Societies) creció durante su mandato, incluyendo las tasas de suicidio, homicidio, y alcoholismo, apareciendo de nuevo un problema que había desaparecido: el hambre, en especial entre los niños, y muy en particular en las regiones más pobres, como Yorkshire, Escocia, y el País de Gales (ver “The Iron Lady: the Margaret Thatcher Movie we don’t need”, de Laura Flanders. The Nation. 04.01.12). El film muestra a los sindicalistas como violentos, vociferadores e irracionales pero nunca explica porque las clases populares y los sindicatos se rebelaron contra las condiciones miserables que las políticas thatcherianas estaban imponiendo a la clase trabajadora de Gran Bretaña. Fue ella la que hizo famoso el dicho de que “creemos en la lucha de clases y venceremos”. Thatcher, como Reagan en EEUU, intentó crear una cultura en la que todas las víctimas del sistema darviniano que ella aspiraba a establecer, se sintieran responsables de su propia situación.
¿Thatcher como feminista?
Pero lo que alcanza niveles absurdos en la película es presentar a Margaret Thatcher como feminista, lo cual ha originado protestas generales en círculos feministas a los dos lados del Norte de América. Como ha indicado NOW (la mayor asociación feminista de EEUU), Thatcher fue la dirigente británica que recortó con mayor intensidad los derechos de las mujeres en Gran Bretaña. Su propio desprecio hacia las feministas y sus recortes en derechos laborales y sociales dañó extensamente a las mujeres británicas. Su profundo reaccionarismo la llevó también a apoyar a las dictaduras más reaccionarias existentes en el mundo, incluyendo la del General Pinochet, convirtiéndose en uno de sus máximos defensores. Y sus políticas neoliberales fueron la causa de la crisis que estamos viendo estos días en Europa.
Pero su cinismo llegó al extremo de crear una guerra (The Falklands War, la guerra de las Malvinas) para intentar recuperar su popularidad, punto que sí se reconoce en la película, y que sus promotores presentan como ejemplo de equilibrio en el análisis de tal figura. Pero tal presentación crítica (excepcional en la película) de Margaret Thatcher está muy poco desarrollada, pues no señala suficientemente el planteamiento oportunista en la programación de la guerra que Thatcher realizó, y que ha estado claramente documentado en los medios. Hoy, los establishments conservadores y neoliberales británicos, americanos o españoles, entre otros, añoran a la Sra. Thatcher, una de las figuras –como Ronald Reagan- más negativas y destructivas que ha existido en el siglo XX.
Una última nota. Ruego al lector que distribuya ampliamente este artículo.
Ver artículo en PDF
Artículo publicado por Vicenç Navarro, 20 de enero de 2011
Este artículo presenta datos que raramente se publican en España que muestran que la división artificial que se hacen en los mayores medios de difusión entre regímenes populistas y regímenes socialdemócratas (con una visión sesgada en contra de los primeros) no se corresponde con la realidad empírica, documentada en el artículo.
Existe una postura bastante extendido en los medios de información de mayor difusión de España que divide a los países gobernados por partidos de centroizquierda o izquierda en Latinoamérica entre gobiernos “populistas” de izquierda, tales como los de Venezuela, Bolivia, Ecuador o Argentina, y gobiernos socialdemócratas, tales como los de Brasil, Chile (hasta hace poco bajo la presidencia de Michelle Bachelet) o Uruguay. Casos representativos de articulistas que reproducen esta división son muchos. Por regla general se refieren explícitamente al primer grupo de países como la izquierda populista y escasamente democrática, y al segundo grupo como la izquierda responsable, democrática y sensible a las necesidades de su población.
A esta diferencia de presentación de estos dos grupos de países se le ha añadido otra diferencia; a los primeros –los “populistas”- se les ha definido ahora como ineficientes e ineficaces, incapaces de reducir la pobreza y reducir las desigualdades en sus países, mientras que a los segundos –los “socialdemócratas”- se les considera exitosos en su intento de reducir la pobreza.
Tales divisiones y categorizaciones, sin embargo, son artificiales y negadas por los datos existentes, raramente presentados en la mayoría de medios. Veamos los datos. El primer dato que merece resaltarse es el notable cambio político ocurrido en las últimas dos décadas en la mayoría de países de Latinoamérica. Alrededor de los años noventa, los gobiernos conservadores y neoliberales fueron sustituidos por gobiernos de centroizquierda e izquierda. En 1998 fue elegido Hugo Chávez en Venezuela: en 2002 fue Lula da Silva el que salió elegido en Brasil. En 2003, fue elegido Néstor Kirchner en Argentina, en 2005 Tabaré Vázquez en Uruguay, y Evo Morales en Bolivia, y Rafael Correa en Ecuador en 2006, y Fernando Lugo en Paraguay en 2008. Eliminando esta falsa dicotomía entre “buenos” y “malos”, el hecho es que todos ellos están comprometidos con desarrollar políticas redistributivas. Y los datos señalan que en su mayoría tales gobiernos consiguieron reducir las desigualdades y la pobreza en sus países. En todos ellos las desigualdades en el periodo 2007-2009 fueros menos acentuadas que en el periodo 2001-2003 (ver figura nº 1 en Juan A. Montecino “Decreasing Inequality Under Latinamerica’s “Socialdemocratic” and “Populist” government: is the difference real?”, CEPR, Washington DC, Oct 2011)
Muchos autores, entre los que destacan Jorge Castañeda y Mario Vargas Llosa han negado, sin embargo, que tal reducción de las desigualdades se debiera, en el caso de los gobiernos populistas de izquierda, a las políticas redistributivas de sus gobiernos. Una postura parecida la han tomado McLeod y Lusting en su artículo “Inequality and Poverty under Latin America’s New Left Regimes” en Tulane Economic Working Paper Series. (Working paper 1117) que ha sido ampliamente distribuido, cuando no promocionado, por fuerzas conservadoras y/o neoliberales en América Latina y en Europa. Su argumento es que la reducción de las desigualdades y de la pobreza en estos países se debió primordialmente a las condiciones favorables del comercio exterior en América Latina y al abundante flujo de inversiones de capital en aquel periodo. Según ellos, tal disminución de las desigualdades y de la pobreza no se puede en absoluto atribuir a las políticas redistributivas de tales gobiernos. Sí, en cambio, tales políticas podrían explicar las reducciones en los países “socialdemócratas”, es decir en los “buenos” gobiernos. En clara y predecible costumbre, el estudio de McLeod y Lusting tenía un gran apartado estadístico y matemático que parecía mostrar, sin ninguna duda, que los gobiernos de Brasil, Uruguay y Chile habían sido eficaces en su intento de redistribuir la riqueza, y en cambio los populistas, Venezuela, Bolivia, Ecuador y Argentina, habían fracasado en su intento. Y, naturalmente y predeciblemente los medios españoles de mayor difusión se apresuraron a difundir tal estudio.
El investigador Juan A. Montecino, del prestigioso Center for Economic and Policy Research de Washington DC, en el estudio citado anteriormente, muestra los errores de tal estudio. En primer lugar analiza los años de gobierno de cada opción política gobernante, analizando su efecto acumulativo. El impacto de las políticas públicas no es inmediato y hay que estudiar la evolución de las desigualdades analizando el impacto de las políticas redistributivas en ellas, hecho que McLeod y Lusting no habían hecho. Pero incluso más importante que esta nota correctiva era la fuente de los datos que ellos utilizaron, el Socio-Economic Data Base for Latin-America and the Caribbean (SEDLAC). Tal fuente de información sobre la distribución de la renta no corrige el notable subregistro de la información sobre la renta familiar. Puesto que este subregistro es más acentuado en las rentas superiores que en el resto de la población, ello determinará un sesgo en las encuestas realizadas a la población. De ahí que Juan A. Montecino utilizara otra fuente de datos más leíble, la Economic Commission for Latin America and the Caribbean (ECLAC) que sí corrige este subregistro.
Pues bien, realizando estas necesarias correcciones resulta que los países llamados “populistas” de izquierda redujeron las desigualdades de una manera más acentuada que los países llamados “socialdemócratas”. Aunque, tal como señalé anteriormente, todos estos países (tanto los “malos” como los “buenos”) redujeron las desigualdades (éstas fueron menores en el periodo 2007-2009 que en el periodo 2001-2003), estas reducciones fueron más acentuadas en Venezuela, Bolivia, Ecuador y Argentina que en Brasil, Chile o Uruguay. Resulta, después de todo, que las políticas redistributivas de los “malos” fueron más eficaces en disminuir la pobreza y las desigualdades que la de los “buenos”. Esto no lo leerá en la prensa de mayor difusión. Pero lo puede leer en www.cepr.net.
Este artículo se publico en castellano bajo el título “El euro no está en peligro. El bienestar de la población sí que lo está“
Artículo publicado por Vicenç Navarro en la revista digital SISTEMA, 13 de enero de 2012
Este artículo explica como Argentina pudo salir de la crisis financiera mediante la rotura de la paridad en la moneda argentina con el dólar, rompiendo a la vez con el FMI que estaba imponiendo unas políticas de austeridad a Argentina, tal como lo está haciendo ahora con España.
Una teoría que ha sido promovida por círculos financieros importantes, como por ejemplo el Fondo Monetario Internacional (FMI), es la desarrollada por dos de sus economistas, Ken Rogoff y Carmen Reinhart, definidos sorprendentemente en un artículo reciente como “nuevos gurus de la economía”, que sostienen que las recesiones causadas por las crisis financieras tienen que resolverse lentamente tras muchos años de recuperación lenta y penosa. En sus escritos, tales autores subrayan los términos lenta y penosa. La promoción de esta teoría por parte del FMI y su aceptación en los medios financieros y económicos neoliberales se explica porque, en realidad, disculpa las políticas públicas responsables de la escasa recuperación de las economías europeas y, muy en especial, las de los países referidos desdeñosamente como PIIGS (Portugal, Irlanda, Italia, Grecia y España), cerdos en inglés.
El problema con esta teoría es que es fácilmente demostrable que es errónea. Es decir, existe evidencia que invalida su tesis. Veamos, por ejemplo, lo ocurrido en Argentina. Este país tenía una enorme crisis financiera, resultado en parte a que el valor de su moneda estaba fijado al euro (perdón, quería decir al dólar estadounidense). Esta paridad la había llevado a tener una deuda externa de 95.000 millones de dólares. Era el discípulo predilecto del FMI, llevando a cabo las recetas de tal institución, llegando a un nivel de endeudamiento imposible de sostener.
De ahí que, en contra de los deseos del FMI y con gran hostilidad por parte de esta institución, a finales del 2001, el gobierno argentino decidió abandonar la paridad con el dólar y no pagar la deuda pública al precio establecido por el FMI. El sistema financiero argentino se colapsó y todos los vaticinios pronosticaban que Argentina entraría en recesión –a niveles de depresión- por muchos, muchos años. Hasta aquí la teoría de Rogoff y Reinhart.
Los datos, sin embargo, muestran el error de tales autores. Es cierto que la economía argentina bajó durante la primera parte del año. Pero se recuperó pronto, y en tres años el nivel de actividad y crecimiento económico era ya idéntico al existente en el periodo de pre-recesión. Parte de la solución fue recuperar su propia moneda y su propia autonomía fiscal, garantizada por su propio Banco Central. Además, no pagó la deuda pública a los niveles exigidos, devaluándola considerablemente. Todo ello le permitió recuperarse rápidamente, alcanzando uno de los niveles de crecimiento económico más acentuados en América Latina, el doble de Brasil, por ejemplo.
Este crecimiento ha repercutido, a través de las políticas públicas redistributivas, en el mejoramiento del bienestar de las clases populares. La pobreza y la pobreza extrema se han reducido en dos tercios desde 2002. El gasto público social se ha triplicado durante este periodo 2002-2010. Y en 2009, desarrolló un programa de transferencias públicas a la infancia, que repercutió en 3.5 millones de niños, siendo el programa de reducción de la pobreza infantil más ambicioso de América Latina. Las desigualdades han disminuido. En 2001 los súper ricos (el 5% de renta superior) tenían 32 veces más renta que los pobres (el 5% de renta inferior). En 2010, era 17 veces.
Es cierto que la inflación es también elevada, incluso para los estándares de América Latina. Un 20-25% por año. Ahora bien, si los salarios suben más que la inflación (como está ocurriendo) y también la protección social, y se siguen reduciendo las desigualdades, el impacto de tal inflación es menos perjudicial de lo que aparenta. Es más, esa inflación puede y debe bajarse, pero no puede utilizarse para negar los grandes logros conseguidos por Argentina, que explica el gran apoyo popular por su gobierno, reelegido ampliamente en la última convocatoria electoral (The Argentina Success Story and its implication. Center for Economic and Policy Research. 2011)
Para evaluar la experiencia argentina hay que compararla con la que hubiera existió de no cambiar sus políticas. Tal como predecían Rogoff y Reinhart, hubieran estado durante mucho tiempo (diez o quince años) en una recuperación lenta y penosa. En lugar de ello, se recuperaron y crecieron rápidamente, distribuyendo más equitativamente el producto producido durante estos años.
España no es Argentina. Pero es importante estudiar la posible relevancia de aquella experiencia para España. Salir del euro no sería mi primera propuesta para salir de la crisis. Creo que es mejor salida transformar la arquitectura de la Unión Europea y de la Eurozona con establecimiento de un Banco Central (el Banco Central Europeo no es un Banco Central por paradójico que ello parezca: en realidad es un lobby de la banca), un Departamento del Tesoro y otra medidas, incluyendo la democratización de las instituciones de la Unión Europea encaminadas a la construcción de los Estados Unidos de Europa. Pero mucho me temo que el dominio neoliberal de las estructura de gobierno de la Eurozona y de la Unión Europea va a imposibilitar este desarrollo, en cuyo caso la situación insostenible actual se perpetuará (que es lo que desea el capital financiero). De ahí que debieran considerarse todas las alternativas, incluyendo la salida de España (y de Grecia, Portugal, Irlanda e incluso Italia, si así también lo desean) del euro. Su permanencia en el euro, en caso de no hacer las reformas apuntadas, significará la Gran Depresión para millones de ciudadanos de tales países. Es más, la discusión de esta posibilidad –salirse del euro- facilitaría la mano de España en la negociación con los gobiernos Merkel y Sarkozy, pues esta salida es lo último que desean tales gobiernos, ya que supondría el colapso de sus bancos. De todo ello se deriva la urgencia de que se inicie el debate sobre la salida de España del euro, pues la ausencia de este debate está empobreciendo nuestro país.
Artículo publicado por Vicenç Navarro en el diario PÚBLICO, 12 de enero de 2011
Este artículo analiza las causas de que se estén siguiendo las políticas neoliberales que están dañando extensamente el bienestar de las clases populares de los países de la Eurozona y muy en particular de los países periféricos de la Eurozona. Estas políticas están siendo impuestas por el Consejo Europeo, la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional con el fin de debilitar al mundo del trabajo y al Estado del Bienestar. Debido al enorme dominio de tal pensamiento en las estructuras de la Eurozona, el artículo concluye con la necesidad de que se abra un debate en España sobre si no sería una alternativa mejor a la Recesión, y pronto Depresión resultado de las políticas neoliberales, la salida de España del euro.
Estamos viendo durante estos años de crisis el intento más intenso y masivo por parte de las autoridades de la eurozona –Banco Central Europeo (BCE), Consejo Europeo y Comisión Europea– así como del Fondo Monetario Internacional (FMI) de debilitar, en cada país de la zona euro, el mundo del trabajo, la protección social y el Estado del bienestar. La evidencia de ello es contundente. Recortes de derechos laborales y sociales y de gasto público social están ocurriendo a lo largo de los países de la eurozona, dándose con especial intensidad en los países de la periferia de la eurozona, conocidos como los PIIGS (Portugal, Irlanda, Italia, Grecia y España). No pasa día sin que noticias sobre recortes y reducción de derechos golpeen las páginas de los rotativos de mayor difusión. La generalización de tales medidas en la mayoría de países de la eurozona se presenta como un indicador de su inevitabilidad, es decir, de la necesidad de que se lleven a cabo para salir de la crisis.
La evidencia que se ha ido acumulando muestra, sin embargo, que tales medidas no sólo no están contribuyendo a la salida de la crisis y de la recesión, sino que la están empeorando. Los datos reflejan claramente que tales políticas están reduciendo todavía más la demanda necesaria para estimular la economía. Y puesto que la demanda generada en el sector privado está estancada (resultado en España del enorme agujero creado en la economía por el estallido de la burbuja inmobiliaria), el único sector que podría estimular la economía es el sector y el gasto público. De ahí que la reducción de tal gasto público sea un gran error, pues imposibilita la salida de la crisis. De nuevo, la evidencia de ello es abrumadora. Sólo los economistas y políticos neoliberales, que dominan los medios de mayor difusión, continúan repitiendo el dogma neoliberal que está ya profundamente desacreditado empíricamente.
¿Por qué entonces se están imponiendo tales políticas? Es más que dudoso que las autoridades de la eurozona y del Fondo Monetario Internacional no conozcan la abrumadora evidencia que muestra el fracaso de tales políticas. El hecho de que, a pesar de ser conscientes del daño de tales políticas al bienestar de la mayoría de la ciudadanía y a la propia economía, continúen imponiéndolas se debe a que están utilizando esta situación de enorme crisis (acentuándola incluso) a fin de forzar con mayor contundencia lo que los grupos dominantes en estas instituciones (el capital financiero, es decir, la banca y las grandes empresas transnacionales) siempre han deseado: debilitar al mundo del trabajo y al Estado del bienestar.
Más y más información se está haciendo pública mostrando el tipo de presiones que tales organizaciones (y, muy en especial, el BCE y el binomio Merkel-Sarkozy) han estado realizando para que los gobiernos reciban “ayudas” (lo pongo entre comillas porque un porcentaje de tales transferencias está encaminado a que los estados receptores puedan pagar sus deudas públicas a los bancos alemanes y franceses, entre otros). El Banco Central Europeo supedita estas ayudas –en forma de compra de deuda pública– a que hagan reformas que claramente debiliten el mundo del trabajo (tales como eliminar la indexación de los salarios o la descentralización de los convenios colectivos) y reduzcan sus estados del bienestar (tales como la privatización de las pensiones o de los servicios sanitarios), todas ellas medidas que tienen muy poco que ver con la génesis de la crisis o con la salida de ella. El argumento que utilizan para justificar la imposición de tales políticas es que aumentarán la competitividad de la economía de los países PIIGS y con ello aumentarán las exportaciones, que debieran ser el motor del crecimiento económico y la salida de la crisis.
De nuevo, la evidencia existente (que es también bastante abrumadora) cuestiona que los países PIIGS puedan salir de la crisis a base de tales políticas, pues el mayor problema que tienen estos países no es ni su inexistente elevado gasto público, incluido el social (que es de los más bajos de la UE), ni la falta de competitividad (las exportaciones han continuado creciendo en España durante la crisis), sino su escasísima demanda. Pero el hecho de que la evidencia muestre que este argumento es erróneo o falso no les frena para que continúen imponiendo tales políticas, admitiendo, como hacen los economistas Kenneth Rogoff y Carmen Reinhart, muy influyentes en el FMI, que el impacto de tales políticas supuestamente positivas no se verá por mucho tiempo, de diez a quince años a partir de ahora.
Esta situación es insostenible e intolerable. Condena a varias generaciones a un futuro miserable. De ahí que debiera considerarse lo hasta ahora impensable: la salida de España del euro. No hay duda de que sería un paso difícil, pero no necesariamente peor que lo que se predice para los próximos diez y quince años. Alternativas, en contra de lo que dicen Rogoff y Reinhart, existen. Salvando las diferencias (que las hay) entre Argentina y España, el hecho es que Argentina en 2001, tras romper la paridad con el dólar y las políticas impuestas por el FMI, bajo el Gobierno Kirchner, recuperó su propio control del valor de la moneda y de su Banco Central, permitiéndole en tres años que su PIB fuera ya el que existía antes de la crisis, siendo a partir de entonces el país de América Latina que ha tenido mayor crecimiento económico. Letonia, en cambio, siguió las políticas que está imponiendo el FMI y hoy su PIB es un 20% inferior al que tenía al iniciarse la crisis. Es importante que para el bien de las clases populares se inicie un debate en España sobre los excesivos costes de pertenecer al euro, y de los que la población parece ser ya consciente. Según una reciente encuesta, el 70% de la población española tiene mayores reservas hacia el euro. ¿Cuándo se iniciará tal debate en España?
Ver artículo en PDF
Artículo publicado por Vicenç Navarro en el diario digital EL PLURAL, 9 de enero de 2011
Este artículo critica el supuesto que se reproduce en las políticas del gobierno Rajoy que considera que el Estado (central, autonómico y local) debe equilibrar sus cuentas como (erróneamente) asume que hacen las familias y empresas privadas. El artículo señala que las economías familiares y empresariales no podrían progresar sin endeudarse y tuvieran que equilibrar sus cuentas, señalando además, que el Estado tiene otros instrumentos que no están disponibles para las familias y para las empresas para resolver su deuda pública.
Una de las posturas más generalizadas en los círculos donde se reproduce la sabiduría convencional en el pensamiento económico es la que subraya que el Estado (central, autonómico y local) debe equilibrar sus cuentas –es decir, que los gastos sean igual a los ingresos- tal “como hacen las familias y las empresas en el sector privado”. Esta postura ha alcanzado la dimensión de dogma en el nuevo gobierno presidido por el Sr. Mariano Rajoy. Una revisión rápida de las veces que el Presidente del Partido Popular ha repetido tal postura durante la campaña electoral, muestra que es de las más repetidas en sus discursos políticos y/o entrevistas en los medios. Es un indicador de la escasa actitud crítica de los medios de mayor difusión del país, que casi ninguno de los periodistas que le han entrevistado o han informado sobre su pensamiento económico haya hecho una observación correctora, señalándole que el gran supuesto que reproduce su postura –el de que las familias y las empresas equilibran sus cuentas- es erróneo, siendo fácil de demostrar que los datos no lo sostienen.
En realidad, ni las familias ni las empresas podrían progresar sin que los gastos fueran mayores que sus ingresos. Veamos los datos. Cuando una familia normal y corriente compra una casa, tiene que pedir prestado dinero porque la mayoría de familias no tiene el dinero para pagar el coste de la propiedad que están comprando, en el momento de la compra. Lo mismo cuando compran coches u otros bienes de elevado coste. La gran mayoría de las familias se endeudan y por lo tanto gastan más de lo que tienen Y esto les permite progresar y aumentar su nivel de vida. En realidad, este endeudamiento es necesario para asegurarse un futuro mejor. Cuando la familia pide prestado dinero para invertirlo en la educación de sus hijos, está invirtiendo en su futuro. No hay nada atípico o malo en el endeudamiento. Antes al contrario, es bueno para la familia, siempre y cuando ésta pueda pagar lo que debe (lo cual depende del tamaño de la deuda en relación a sus ingresos, y también del gasto hecho que causa la deuda). Si la deuda es elevada pero la rentabilidad de la inversión conseguida a través de préstamos es mayor y crece más rápido que el tamaño de la deuda, entonces el endeudado no tiene ningún problema.
En España, sin embargo, la mayor causa del gran crecimiento de la deuda familiar se debe al descenso de la capacidad adquisitiva de las familias, lo cual ha alcanzado un nivel oneroso que está repercutiendo en un descenso de la demanda de bienes y consumos. La gente compra menos porque está muy endeudada y tiene miedo a no poder pagar su deuda. La solución a este problema no es –como los neoliberales y el gobierno PP dicen- reducir el crédito (es decir la posibilidad de endeudarse), sino aumentar la capacidad adquisitiva de la población, incrementando, por ejemplo, los salarios (en lugar de reducirlos, tal como la congelación del salario mínimo del gobierno Rajoy intenta conseguir).
Mientras, la única alternativa disponible de las familias españolas es continuar endeudadas. Y así es como están. La deuda familiar en España es aproximadamente el 87% del PIB (según los datos del Banco de España. Diciembre, 2011).
El endeudamiento de las empresas
El Sr. Rajoy y sus asesores económicos parecen también desconocer que las empresas no funcionarían, ni progresarían si estuvieran obligadas a equilibrar sus cuentas. El propietario de la tienda de la esquina ha tenido que pedir prestado dinero para comprar los productos que venden en la tienda, esperando poder pagar su deuda (y conseguir beneficios) en la medida que vaya vendiéndolos. Si debiera vender basándose sólo en lo que tiene, tendría dificultades serias en poder mantenerse y expandir el negocio. Pues bien, las empresas en España están endeudadas alcanzando un 127% del PIB. De estas cifras se desprende que cuando el Sr. Rajoy subrayaba en la entrevista que el Estado tiene que comportarse como las familias y las empresas, el periodista le tendría que haber preguntado: ¿Está usted, pues, sugiriendo que la deuda del Estado español debería ser de un 87% del PIB como las familias o de un 127% del PIB como las empresas? Por desgracia, ningún periodista le hizo tal pregunta.
La realidad es que ni las familias ni las empresas equilibran sus cuentas. Antes al contrario. Están profundamente endeudadas, mucho más que el Estado, cuya deuda pública es un 66%. Intentar que el Estado elimine su déficit es lo mismo que negarle la posibilidad de que las familias y las empresas mejoren. El caso actual es un caso claro. La economía no está creciendo debido a una gran escasez de la demanda, consecuencia de la disminución de la capacidad adquisitiva de la población (disminución que las medidas del PP están agravando) y consiguiente crecimiento del endeudamiento.
El único que puede estimular la demanda es el crecimiento del gasto público (y muy en especial con la creación empleo). El sector privado no puede hacerlo. Por lo tanto, al disminuir el gasto público, además de incrementar el desempleo se contribuirá a la recesión y a la disminución del crecimiento económico, aumentando el déficit y la deuda pública que se están intentando reducir. Es un suicidio. Y sino, esperen y verán.
Pero hay una gran diferencia entre el Estado y las familias y las empresas. Y es que el Estado puede imprimir moneda, y por lo tanto puede crear dinero con el cual pagar sus gastos. El lector admitirá que esta es una gran diferencia. Los Estados estadounidense, británico, sueco, noruego, japonés y muchos otros, imprimen dinero (millones de sus monedas) y con ello estimulan la economía a base de incrementar el gasto público. Los economistas neoliberales se echarán las manos a la cabeza diciendo que esto es un disparate, pues aumentará la inflación. Pero tales exclamaciones ignoran que el mayor problema que existe en la Unión Europea no es la inflación sino lo opuesto, la deflación, tal como ha reconocido el propio Presidente del Banco Central Europeo, el Sr. Mario Draghi.
Soy consciente de que más de un lector me dirá: pero profesor Navarro, el Estado español hoy no puede imprimir dinero. Lo cual es correcto hasta cierto punto. El Estado español, junto con los otros Estados de la Eurozona, nombra a los gobernadores del BCE el cual, en teoría, es el Banco Central de todos estos países, incluido España. Si los Estados quisieran, el BCE podría imprimir dinero y transferirlo a los Estados. El que no lo haga (transfiriéndolo en cambio a los bancos privados) es una decisión política, y como tal puede revertirse (como lo muestra la medida excepcional de compra de la deuda pública). Para que ello pase se requiere que los Estados lo deseen. El que no lo deseen se debe al enorme poder de la banca sobre tales Estados, poder que se ha acentuado todavía más con el gobierno PP, en el cual el nuevo Ministro de Economía era nada menos que el que fue Presidente de Lehman Brothers en España y Portugal. Y así nos va y nos irá.
Artículo publicado por Vicenç Navarro. 4 de enero de 2012.
Este artículo analiza críticamente el impacto de las políticas impuestas por el Consejo Europeo, La Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional a Letonia, mostrando que han originado una enorme recesión con un gran crecimiento del desempleo. El artículo señala que las políticas orientadas a crear una devaluación doméstica dañan enormemente el bienestar de la población, empeorando todavía más la situación económica.
Existe una postura generalizada entre economistas de persuasión neoliberal (y algunos incluso de persuasión keynesiana) que asume que en ausencia del cambio de la moneda de un país, reduciendo su valor (a fin de abaratar sus productos y poder venderlos más fácilmente al exterior, estimulando la economía a base de incrementar sus exportaciones), lo único que pueden hacer los países de la Eurozona o aquellos países que aspiran a integrarse en la Eurozona (como Letonia) es reducir los salarios y con ello los precios de los productos, pidiendo así aumentar las exportaciones. A eso se le llama “devaluación doméstica”.
Según tal teoría, los gobiernos de la Eurozona tienen que realizar toda una serie de medidas encaminadas a bajar los salarios, debilitando a los trabajadores mediante el aumento del desempleo y la desregulación de los mercados laborales (facilitando el despido), junto con una reducción de la protección social y un importante debilitamiento de los sindicatos (descentralizando los convenios colectivos), sí como una larga lista de intervenciones públicas, todas ellas encaminadas a reducir los salarios y, con ello, aumentar la competitividad. Estas medidas son las directrices propuestas por el Banco Central Europeo, por la Comisión Europea, por el Consejo de Europa y también por el Fondo Monetario Internacional.
El mayor problema que tal teoría tiene es que toda la evidencia existente en los últimos veinte años muestra el error de tales políticas, políticas que están llevando a estos países a una gran recesión y depresión. Antes de que estas políticas se impusieran en Grecia, Irlanda, Portugal, España e Italia, se impusieron a muchos países de América Latina, con iguales resultados desastrosos. El caso más conocido fue el de Argentina, conocida hasta 2001 (cuando abandonó el dogma liberal y rompió con el FMI) como el discípulo ejemplar del FMI.
El máximo desarrollo de estas políticas en Europa ha sido Letonia, donde se impusieron por dictadura del BCE, la Comisión Europea y el FMI. En 2007 se aplicaron políticas de gran austeridad, encaminadas a bajar los salarios. Aumentó el desempleo (que pasó de ser un 5,3% en 2007 a un 20,5% en 2010), lo cual causó la caída en picado de su PIB. Del 2007 al 2009, éste cayó a un 24%. Nunca antes un país europeo había visto una caída tan acentuada en su PIB como la que Letonia experimentó como consecuencia de la aplicación de tales políticas. En realidad, si se contaran las personas –la mayoría jóvenes sin trabajo- que fueron a otros países buscando trabajo, el desempleo sería un 29%. Es importante que estos datos procedentes, en su mayoría, del informe Latvia’s Internal Devaluation. A success store? Mark Weisbrot and Rebecca Ray. Center for Economic and Policy Research, se conozcan, porque el impacto de tales políticas ha sido desastroso para Letonia.
La justificación que aquellas instituciones que impusieron tales políticas (referidas como la troika) utilizan es que esta devaluación doméstica estimulará las exportaciones, hecho que no ha ocurrido. En realidad, la poca expansión que ocurrió en 2010, no fue consecuencia de un aumento de las exportaciones -que permanecieron estables- sino a una resistencia del gobierno a continuar aplicando las medidas de austeridad, revirtiéndolas, tal como documentaron Mark Weisbrot y Rebecca Ray en su informe. Es interesante comparar la evolución de estos hechos en Letonia, un país que siguió las políticas propuestas por el FMI y otros miembros de la troika, con las políticas públicas de Argentina, que rompió con tales políticas comenzando por disociar el valor de su moneda, el peso, del valor del dólar. Letonia, por el contrario, quiso establecer una paridad de su moneda con el euro, como medida de integración en la Eurozona.
Argentina sufrió un descenso de su PIB (cuando separó su moneda del dólar) de un 4,9% de su PIB. Pero se recuperó ya en el primer año que rompió la paridad con tal moneda. Devaluó la moneda y expandió su política monetaria y gasto público y con ello estimuló la economía. Tres años después de haber roto la paridad del dólar, el PIB era ya un 23% mayor que el que existía cuando el peso se devaluó. En contraste, en Letonia, tres años después, su PIB era un 21,3% más bajo que cuando la crisis comenzó. Hoy, Argentina es el país con mayor crecimiento económico de América Latina. La evidencia de que tales políticas neoliberales han llevado a los países a un desastre económico no es obstáculo para que continúen imponiéndose. Tal dogma está haciendo un enorme daño, pero continúa imponiéndose debido a su enorme poder que controla aquellas instituciones.
Versión en castellano del artículo originalmente publicado en el diario ARA en catalán el 22 de diciembre de 2011. Por Vicenç Navarro.
Este artículo critica la versión neoliberal, bien representada en el artículo de David Brooks del New York Times, y ampliamente compartida por las derechas de Estados Unidos y de Europa, incluyendo las españolas y catalanas, sobre la crisis del euro y la supuesta responsabilidad que los países PIIGS tienen en la génesis de la crisis.
En España, cuando se alude a temas económicos de The New York Times inmediatamente se piensa en Paul Krugman, el premio Nobel de Economía. Desde su columna en ese rotativo, Krugman provee una visión keynesiana de la crisis de la Eurozona que, con algunas matizaciones, define bastante claramente lo que pasa en esta unidad monetaria y por qué ahora está en profunda crisis.
En cambio, en España es poco conocido otro columnista de The New York Times, David Brooks, una de las voces más importantes del pensamiento conservador y neoliberal de los Estados Unidos. Últimamente, Brooks ha publicado un artículo, El espíritu de empresa, que ha tenido mucho impacto porque refleja muy bien el punto de vista de las derechas norteamericanas sobre la crisis del euro, y que coincide con lo que tienen el gobierno alemán y grandes sectores de las derechas, incluyendo las catalanas y las españolas. El escrito tiene gran interés y se publicó el pasado día 10 en este diario, el ARA, que también publica frecuentemente artículos de Krugman que presentan una visión diferente. Para David Brooks, la raíz del problema del euro es el comportamiento de los países del sur de Europa-como Grecia, Portugal, España e Italia-, que, viviendo por encima de sus posibilidades, estuvieron gastando de una forma irresponsable, pidiendo dinero a los bancos alemanes y de otros del centro de Europa, que tienen toda la razón de exigir que se les devuelvan. Esto es lo que el gobierno Merkel está pidiendo que se haga. No es justo-según David Brooks-que los alemanes estén ayudando a los países del sur-a través del Banco Central Europeo (BCE) -, rescatando los países que “tienen unos sectores públicos enormes, muy por encima de lo que pueden pagar”. David Brooks defiende así la postura de la Sra. Merkel, afirmando que Alemania ya ha cumplido su deber y ahora es el momento en que españoles e italianos cumplan el suyo. Que Alemania les ayudara ahora, sin más, sería recompensar un comportamiento irresponsable. Antes de recibir ayuda, deben mostrar que pueden ser responsables. Es interesante subrayar que esta visión de las causas de lo que está pasando es aceptada incluso entre algunos sectores del equipo económico del socialismo español, tal como he documentado recientemente en el artículo Debates sobre la socialdemocracia en España.
El problema de tal teoría es que ignora datos fácilmente accesibles que muestran el error de sus supuestos. Veámoslo. En primer lugar, los datos no muestran que España tenga un sector público hipertrofiado. El gasto público por habitante es, en España, el más bajo de la UE-15. Lo mismo en cuanto al porcentaje de la población adulta que trabaja en el Estado: es sólo el 9%, uno de los más bajos de la UE-15 (la media de la UE-15 es el 15%, y Suecia es el 25%). ¿Dónde está la hipertrofia?
Veamos otro dato. Brooks también dice que la crisis viene del hecho de que España se gasta más de lo que tiene, después de haber actuado de una manera licenciosa y exuberante durante muchos años. De nuevo, los datos no apoyan este supuesto. El estado español, cuando la crisis comenzó en 2007, estaba en superávit y la deuda pública era de los más bajos de la UE-15. En realidad, España había sido el discípulo ejemplar de los establishments neoliberales europeos y el gobierno Zapatero recibió en más de una ocasión un gran aplauso (incluyendo de la señora Merkel) por sus medidas de austeridad. ¿Dónde está, pues, la exuberancia en el sector público?
Vamos ahora a la exuberancia en el sector privado. Y ahí sí que hubo una gran exuberancia y especulación. Pero, al parecer, el Sr. Brooks desconoce el papel clave que jugó la banca alemana en facilitar y estimular el endeudamiento de las instituciones financieras españolas, obteniendo en el proceso unos beneficios auténticamente exuberantes. La banca privada, tanto española como alemana, y sus supervisores -tanto el Banco Central Europeo como el Banco de España y el banco central alemán- actuaron con un elevado nivel de irresponsabilidad, en el caso de los bancos, y de complicidad , en el caso de los bancos centrales. David Brooks, en su canto a la banca alemana, ignora que estaba metida en la burbuja inmobiliaria especulativa española hasta la médula, de lo cual consiguió grandes beneficios hasta que la burbuja explotó.
Y, finalmente, David Brooks también ignora cómo funciona el BCE y su relación con la banca alemana. Cuando se dice que el BCE ayuda a España comprando deuda pública, no lo hace con dinero alemán que le presta la banca alemana. La banca alemana tiene una enorme influencia sobre el BCE, pero el dinero del BCE no es dinero alemán. El dinero del BCE se imprime en las máquinas que producen dinero y se utilizan para comprar los bonos públicos de España con unos elevados intereses, con lo que no cuesta ni un céntimo al ciudadano alemán o a sus bancos. En realidad, el BCE gana dinero no sólo imprimiendo, sino recibiendo los intereses.
Al parecer, Brooks ignora que el hecho de que los bancos alemanes y su banco central no quieran que se compren bonos públicos no es porque los pensionistas alemanes estén ayudando al estado español (cosa que no hacen), sino porque temen que imprimiendo moneda aumente la inflación, el enemigo número uno de la banca en cualquier país. Aquí está el problema. El problema con esto es que, como ha admitido el nuevo director del BCE, Mario Draghi, existe el peligro de que en lugar de inflación tengamos deflación, y la tendremos si acabamos en la gran recesión a la que indudablemente nos llevan las políticas promovidas por la Sra. Merkel y que cuentan con el apoyo del Sr. David Brooks y otros pensadores neoliberales a ambos lados del Atlántico. Así de claro.
Artículo publicado por Vicenç Navarro, 30 de diciembre de 2011.
Este artículo cuestiona la percepción, ampliamente generalizada en sectores de la socialdemocracia española, de que el gobierno Schroeder realizó políticas que, a pesar de su impopularidad, las llevó a cabo para modernizar a Alemania. De esta manera se considera que el Presidente Zapatero sacrificó su gobierno y el partido socialista para salvar a España. El artículo señala que, en realidad, Schroeder sembró las bases para la crisis actual y el gobierno Zapatero no resolvió el problema grave que tiene España.
En círculos próximos al gobierno Zapatero se ha intentado presentar al Presidente Zapatero como el político que “se sacrificó para salvar a España”, comparándolo con el canciller Schröder de Alemania que, aunque era consciente de que iba a antagonizar a sus bases electorales con sus políticas de claro corte neoliberal, tiró adelante con ellas, pues creyó que con ello salvaba a Alemania de la situación de estancamiento económico en que se encontraba. Retrospectivamente parecería que los defensores de tales políticas llevan razón en el enjuiciamiento de la figura de Schröder como “el salvador de Alemania”. Este país parece ser el único en la Eurozona que no tiene problemas con su deuda pública: los intereses de su deuda son los más bajos y estables de la Eurozona. Y la inflación y el desempleo son los más bajos de tal comunidad monetaria. Parecería, pues, que los mercados financieros tienen plena confianza hacia el Estado alemán que, con su rigor y disciplina, se ha convertido en el modelo y punto de referencia de los otros países de la Eurozona. Hasta aquí la percepción ampliamente promovida por los medios de mayor difusión que tienden a ser de sensibilidad neoliberal. Veamos ahora los datos.
Pero antes, es importante conocer el debate que hubo entre el presidente del gobierno socialdemócrata, el canciller Schröder y su ministro de Economía, Oskar Lafontaine, un debate de gran relevancia no sólo para Alemania, sino para el resto de la Eurozona y la Unión Europea (UE). Schröder dio toda prioridad en su política económica a estimular la economía a base de acentuar las exportaciones, lo cual significó una gran concentración de euros en Alemania, que se emplearon en comprar deuda pública de los países PIIGS y también en prestarlo a las bancas privadas de tales países (Grecia, Portugal, Irlanda e Italia), la suma de cuyos déficits comerciales es igual al superávit de Alemania.
Esta gran acumulación de euros la consiguió Schröder a base de reducir el porcentaje del valor producido (por la elevada productividad) que iba al mundo del trabajo, a costa de aumentar el porcentaje que iba al capital (es decir, al mundo empresarial de la banca y de las empresas exportadoras). Una condición para que Schröder pudiera conseguir esta situación fue el debilitamiento del mundo del trabajo, consecuencia de la aplicación de las medidas neoliberales del canciller Schröder (tal como también ha estado haciendo el gobierno Zapatero y que, sin ninguna duda, continuará haciendo el gobierno Rajoy). Un resultado de ello es que en Alemania se han perdido 2.1 millones de empleos a tiempo completo, siendo sustituidos por 1.1 nuevos puestos a tiempo parcial, medio millón de autónomos y otro medio millón de trabajos temporales. Es cierto que el desempleo es relativamente bajo, 7,1% (en comparación con el promedio de la UE-15) pero ello no se debe a las reformas de Schröder, sino al sistema de cogestión (en el que los trabajadores en las empresas participan en la gestión de las empresas) que facilita la retención de puestos de trabajo a base de reducir las horas de trabajo, transformando trabajo a pleno empleo en trabajo parcial o temporal. Resultado del debilitamiento del mundo del trabajo se ha conseguido reducir los salarios y la protección social. Alemania ni tiene salario mínimo y millones de alemanes tienen salarios de 400 euros al mes, la solución propuesta por la gran patronal española. El porcentaje de trabajadores pobres creció de un 15% en 1998 a un 22% en 2005.
No existe plena conciencia en los círculos mediáticos y políticos de la Unión Europea lo erróneo que es definir el modelo alemán, basado en las exportaciones, como modélico. El politólogo y economista alemán Fabian Linder ha escrito extensamente señalando el escaso éxito de tal modelo (ver “Following Germany’s Lead to Economic Disaster”). El crecimiento económico alemán ha sido muy bajo y lento, debido a una escasa demanda doméstica, resultado del descenso muy notable de los salarios reales ocurrido como consecuencia de las medidas llevadas a cabo por Schröder y continuadas por Angela Merkel.
Schröder ganó aquel debate y Lafontaine perdió y, con él, la clase trabajadora alemana y las clases populares de los países de la UE. Lafontaine quiso basar el estímulo económico de Alemania en el crecimiento de la demanda doméstica, redistribuyendo el crecimiento del producto (producido por la elevada productividad) en dirección de los trabajadores. Con ello las importaciones habrían aumentado y las exportaciones habrían descendido, estimulando así las economías de los otros países de la Eurozona. En su lugar, el modelo Schröder, continuado con Merkel, quiere exportarse a todos los países, lo cual es imposible, pues la disminución de la demanda doméstica de todos los países está conduciendo a la Gran Recesión y Depresión, incluida Alemania.
En realidad, lo que estamos viendo es una alianza de clases entre la banca (y la gran patronal) en España y la de los países periféricos, en contra de los intereses de las clases populares alemanas y las de los otros países. Es, como bien ha dicho Jeff Faux, fundador de Economic Policy Institute, de Washington D.C., “la exitosa lucha de clases a nivel internacional”. Y ahí está el problema. El diseño del euro y de la Eurozona estaba orientado para que ocurriera lo que está ocurriendo. Al impedírsele a un país que pudiera devaluar su moneda, éste se vio en la necesidad de devaluar sus salarios y debilitar su protección social. Éstas eran las dos alternativas que siempre se presentaban como las dos únicas posibles. Pero hay otra, y es la respuesta colectiva a base de estimular la economía mediante políticas expansivas, tanto de subidas de salarios como de aumento del gasto público, mejorando la infraestructura física y social del país, tal como ocurrió con el New Deal en EEUU y con el Plan Marshall En Europa después de la II Guerra Mundial, y tal como también proponía Oskar Lafontaine para Alemania y para la Unión Europea. El hecho de que este último perdiera en aquel conflicto fue una gran oportunidad perdida para Alemania y para todos. Y algo semejante ha ocurrido con el gobierno Zapatero. Sería de desear que el PSOE en su necesaria autocrítica del gobierno Zapatero fuera consciente de ello. Ni que decir tiene que tal gobierno hizo reformas positivas y algunas de ellas muy positivas. Pero, su talón de Aquiles fue su política económica que fue de clara orientación neoliberal y que debiera cambiarse profundamente, con un cambio de personal que dudo que se realice. Hasta ahora no ha ningún asomo de crítica de tales políticas.
A raíz de las declaraciones del Sr. Joan Rosell diciendo que en España hay demasiados empleados públicos, ponemos de nuevo en el blog el estudio, que el Observatorio Social de España hizo sobre empleo público en España, escrito por Vicenç Navarro, Marta Tur, Miquel Campa y Carlos Carrasco.
Para un análisis detallado del Informe El Coste de la Administración Pública en España de la EAE Business School, ver el artículo “El empleo público en España no es excesivo. Los errores del informe El Coste de la Administración Pública en España“.
Ver PDF
Artículo publicado en EL PLURAL por Vicenç Navarro. 26 de diciembre de 2011.
Este artículo critica el argumento de que los recortes de los derechos sociales y laborales de los países de la Eurozona se necesiten para salvar el euro, tal como el pensamiento neoliberal (dominante en las culturas políticas y mediáticas dominantes en la Unión Europea) indica.
Existe una frase, “el euro está en peligro”, que se reproduce constantemente en los medios de mayor difusión, la mayoría de los cuales pertenecen a la sensibilidad neoliberal. Esta frase, generada en los establishments financieros y políticos de la Eurozona, señala que su moneda está en crisis y que, a no ser que se implementen cambios profundos con los déficits y la deuda pública de los Estados, reduciendo dramáticamente su gasto público y su protección social, el euro desaparecerá. De ahí la llamada al arrebato para apretarse el cinturón (sobre todo de las clases populares) y salvar tal moneda. Bajo esta excusa se está reduciendo la protección social y desmontando el Estado del Bienestar de los países de la Eurozona, privatizándolo.
Tal movilización, sin embargo, tiene muy poco que ver con el euro. En realidad, mírese como se mire, el euro ha estado y continúa estando fuerte. Y algunas empresas exportadoras de la Eurozona dirán, con razón, que está demasiado fuerte, dificultando las exportaciones de sus productos. Basta con mirar la tasa de cambio del euro con otras monedas. Mientras que el dólar, el yen y la libra esterlina han ido bajando, el euro se ha mantenido. Durante el colapso de Lehman Brothers el dólar bajó casi en picado, pero el euro se mantuvo. Cualquier turista europeo puede dar testimonio de ello. EEUU se convirtió para un europeo en un país más barato que la mayoría de países de la Eurozona, y continúa siéndolo hoy.
Es cierto que el euro ha ido devaluándose un poco, pero no tanto frente al dólar o a la libra esterlina, sino frente a las otras monedas europeas, especialmente las monedas de Suecia, Noruega y Suiza, así como la moneda de los países emergentes como Brasil, China e India. Las reducciones de gasto público, incluyendo del gasto público social, tienen, pues, poco que ver con el valor del euro, a pesar de toda la avalancha ideológica neoliberal enmascarada como rigor.
El valor del euro depende, primordialmente, de un hecho que permanece casi oculto en los medios de mayor difusión, y es el comportamiento del Banco Central Europeo (BCE) que antepone el proyecto de controlar la inflación por encima de cualquier otro objetivo. En realidad es su único objetivo, logrado a costa de no realizar otra función que realizan otros bancos centrales: estimular la economía. Es decir, el BCE para salvar al euro está, con su comportamiento, destruyendo la economía de los países de la Eurozona, condenándolos a una Gran Recesión y pronto a una Gran Depresión.
El BCE, aunque es el único banco central que puede imprimir dinero en la Eurozona, imprime poco dinero, manteniendo así la inflación baja. Para complicar todavía más la cosa, mantiene unos intereses bancarios altos, dificultando además la disponibilidad del crédito, con lo cual, la actividad económica se reduce, el crecimiento económico se ralentiza, y aparece la recesión. En otras palabras, para salvar al euro el BCE está destruyendo a las economías de la Eurozona.
Detrás de esta frase “hay que salvar el euro” hay, sin embargo, unos intereses muy concretos y específicos: conseguir defender los intereses de la banca, y muy en especial de la banca europea para la cual la eliminación de la inflación es su objetivo único. Ello explica que estemos donde estamos, con una inflación baja y con un desempleo enorme y una economía de recesión. Y todo, para salvar, no tanto al euro, sino a la banca. A la banca, la recesión actual le está yendo muy bien. Según Ronald Janssen, economista que asesora a los sindicatos belgas, los beneficios bancarios en la zona euro han crecido astronómicamente, alcanzando 50.000 millones de euros en 2010, y 27 .000 millones en la primera mitad del presente año.
Todo ello a costa de un enorme crecimiento de la pobreza en la mayoría de países de la Eurozona, y notable descenso de la capacidad adquisitiva de la mayoría de la población. Un tanto igual ha pasado en España. Es lógico, pues, que según las últimas encuestas publicadas, nada menos que el 70% de la población española cree que el euro ha sido más negativo que positivo para España. Sería conveniente que se iniciara un debate en España sobre si sería o no aconsejable para España continuar en el euro. Hay argumentos a favor de continuar utilizando el euro como la moneda española. Pero también hay costos, y algunos de ellos muy elevados (como el desempleo entre los jóvenes de un 45%) que debieran entrar en esta discusión. Y, sin embargo, no han aparecido en el debate voces que subrayen estos costes, no porque no existan, sino porque los autores que las sostienen no tienen espacio para poder presentarlas en los mayores medios de información y persuasión. Así de incompleta es la democracia española.
Los autores del libro “Hay Alternativas. Propuestas para crear empleo y bienestar social en España ” hemos recibido muchas cartas de aliento que nos han reconfortado enormemente y no podemos publicarlas todas, pero sí que lo hacemos con una de ellas la del Sr. Carlos Aristu Ollero. De nuevo queremos agradecer todas las recibidas.
Carta de un lector agradecido
Estimados Vicenç, Juan y Alberto:
Esta tarde he estado en la presentación pública de vuestro libro “Hay alternativas” en Sevilla y quisiera transmitiros en esta carta el agradecimiento de alguien que, habiéndolo leído ya, lo está recomendando vivamente en su entorno. Mis razones para estar agradecido pudieran resumirse en las que siguen:
1. Es un libro necesario, pues cubre el déficit de contra-información de un amplio sector de la población que se ve invadida a todas horas por lo que pudiéramos llamar el “pensamiento único económico-institucional”. Por esto es tan importante difundir que este libro existe y que está accesible a todo el mundo.
2. Es un libro didáctico, ya que analiza con rigor y sistematización los elementos fundamentales de una crisis sistémica que se explica diariamente a quienes la sufren de las formas más complejas y academicistas -además de intencionadas, claro- precisamente para que el común de los mortales se vea excluido de los debates sobre las alternativas y propuestas. Por eso es, también, un libro que genera democracia a través de la puesta en común del conocimiento sobre lo que a todos nos afecta.
3. Es un libro integrador, ya que presenta una batería de análisis y propuestas concretas sobre las que resultaría posible cohesionar a un sector amplio de la sociedad civil, de la organizada y de la que no lo está. Y una de las pocas cosas que uno tiene claras en la vida a estas alturas es que, agrupados incluso en la diversidad, adquirimos más capacidad de transformación.
4. Es un libro colectivo que expresa problemas y retos también colectivos y que, además, contiene la preciosa imagen de una foto con tres comprometidos economistas de tres generaciones diferentes. Y uno también piensa que eso rompe más de un tabú, por lo colectivo y por lo intergeneracional.
5. Es un libro ambiciosamente concebido para transformar la realidad, sin descuidar utopía alguna. A diferencia de otros lectores que intervinieron hoy en el acto, yo sí he identificado claramente la lucha de clases impregnando cada uno de los análisis que ofrece el libro, presentada de forma actual y sutil. Y el libro es tan ambicioso que se atreve a concretar propuestas y alternativas que defender y asumir, propuestas que afortunadamente alguien como Alberto podrá defender en el Congreso de los Diputados en beneficio de todos y todas.
6. Es un libro optimista, que transmite esperanza en forma de argumentos sobre los que renovar el compromiso personal y colectivo de sus lectores. Y esto no es poco en tiempos en los que desde los grupos de poder se proyecta apatía, falta de alternativas y determinismo ideológico.
Con todo el cariño y agradecimiento que desprenden las lecturas reconfortantes. Vicenç, Juan y Alberto, gracias.
Artículo publicado en SISTEMA por Vicenç Navarro. 23 de diciembre de 2011.
Este artículo señala que las decisiones y propuestas aprobadas por los dirigentes de los países de la Unión Europea (excepto la Gran Bretaña) encaminadas a formar un gobierno económico a nivel europeo no son en realidad medidas que puedan ser consideradas como válidas para alcanzar ese objetivo.
A raíz de la última reunión de los dirigentes de los Estados miembros de la Unión Europea en Bruselas, la gran mayoría de medios de mayor difusión, incluyendo los españoles, han aplaudido las medidas aprobadas en tal reunión por 26 Estados miembros (todos excepto Gran Bretaña) por considerarlas claves para desarrollar el necesario “gobierno económico de la Unión Europea”. Escribo entre comillas este término, pues es una expresión muy utilizada en los medios, y cuyo significado parece crear gran confusión.
Veamos primero las decisiones tomadas en Bruselas encaminadas a establecer tal “gobierno económico de la Unión Europea”. Y hay que entender que el punto de partida para su creación es muy débil. Es decir, que de gobierno de la economía europea hay muy poco en la Unión Europea. Los dos instrumentos (cuyas intervenciones afectan al crecimiento económico) existentes ahora son el Pacto de Estabilidad y Crecimiento (PEC), y el Banco Central Europeo (BCE). En cuanto al primero, el PEC, se basa en una regla que exige que los Estados no tengan un déficit público mayor que el 3% de su PIB y una deuda pública mayor que el 60% del PIB. Hasta aquí la norma, enormemente simplista y negativa, pues no discrimina sobre el tipo de gasto público que tiene que limitarse, poniendo en la misma categoría gastos superfluos que no mejoren la economía con inversiones claves para mejorar el futuro del país. Pero además de este problema –que es grave-, la segunda cuestión es que en cualquier institución internacional una norma es sólo válida cuando se aplica o que cuando se aplica lo sea por igual a todos los países. Pues bien, el PEC no se ha respetado desde su establecimiento. Se ha infringido más de cien veces y hay 23 países con expedientes abiertos. Y, sin embargo, ningún Estado ha sido sancionado por ello. En realidad, Alemania y Francia han sido de los mayores infractores, sin que les pasara nada.
En cuanto al BCE, éste, como he escrito extensamente (ver sección Política Económica en www.vnavarro.org), es, en realidad un lobby de la banca y muy en especial de la banca alemana. Su objetivo fundamental es satisfacer las necesidades de las instituciones de la banca, y asegurarse la estabilidad de los precios, que significa controlar la inflación para que, como promedio, no sea mayor de un 2%. El impacto que ello ha tenido en el crecimiento económico ha sido muy negativo: lo ha ralentizado. Los países centrales en la economía de la Unión Europea, es decir, la Eurozona, han crecido (como promedio) menos durante el periodo en que ha existido el euro que en el periodo anterior. Y una consecuencia de ello ha sido el crecimiento del desempleo, mayor, de nuevo, en el periodo de existencia del euro, que en el periodo anterior (comparando ciclos económicos semejantes). Ver “The Ongoing Euro Crisis” de Philip Arestis y Malcom Sawyer, en “Challenge”, 2011. Con estos instrumentos lo único que se podía hacer era asegurarse que el sistema financiero (bancos, compañías de alto riesgo, compañías aseguradoras, entre otras), estuvieran en buena salud, asumiendo que todo lo demás se resolvería a través de las “leyes del mercado”. La fe de los fundadores de la UE y del euro en el mercado alcanzaba niveles dogmáticos, impermeables a la evidencia científica.
Pronto se vio que una unidad monetaria con desequilibrios tan grandes (es decir, con niveles económicos tan distintos) no podría funcionar y por ello se establecieron las Grandes Orientaciones de Políticas Económicas (GOPEs) que no tuvieron ningún impacto ni en coordinar las políticas económicas ni en arreglar el enorme problema que se estaba creando. Y la Comisión Europea, llena de creyentes en el dogma, incluyendo al Sr. Pedro Solbes, Comisario Europeo de Asuntos Económicos y Monetarios, no hizo nada, asumiendo que el mercado lo resolvería por sí mismo.
Cuando la crisis que se fue labrando durante estos años apareció, la respuesta fue más de lo mismo. Se dijo y se aprobó en Bruselas que a partir de ahora el PEC se cumpliría a rajatabla, y que al que lo infringiera se le castigaría de verdad, incluso privándole de voto si fuera necesario. Estas medidas muestran que el marco conceptual en el que la UE se mueve continúa siendo el dogma neoliberal.
Para complementar estas políticas y para establecer lo que se llama “el gobierno económico”, se estableció el Semestre Europeo, según el cual, en los primeros seis meses del año, los Estados deberán desarrollar sus presupuestos conforme las directrices de las autoridades de la UE, en teoría para coordinar las actividades económicas. Es una medida que intenta ser enormemente intervencionista. El homólogo sería que el gobierno federal de EEUU le exigiera a los 50 Estados que le enviaran sus presupuestos para ser aprobados por las autoridades federales, o que el Estado central español hiciera lo mismo con los gobiernos autonómicos.
Pero este intento intervencionista es muy selectivo y tiene como objetivo presionar a los Estados directamente a fin de que éstos lleven a cabo las políticas que las autoridades de la UE desean. Pero tal intervencionismo no transforma tal gobierno en un gobierno económico de tipo federal. En realidad el presupuesto de tal gobierno es un ridículo 1,1% del PIB europeo. En EEUU es un 19%. El segundo problema, derivado del anterior, es que en esta propuesta aprobada, el objetivo de tal gobierno europeo es controlar el déficit y la deuda pública y no, por ejemplo, incentivar medidas de estímulo económico o redistributivo.
En definitiva, tal gobierno representa el intervencionismo de los banqueros para controlar los Estados, y así asegurarse que las políticas neoliberales se llevarán a cabo dentro de cada Estado. No es, pues, el establecimiento de un Estado federal con un gobierno federal, con un presupuesto federal y unas políticas económicas federales. Simplemente es un intento masivo de controlar los Estados a fin de llevar a cabo, a nivel de cada Estado, las políticas que el gobierno alemán ha hecho ya explícitas y que incluyen la eliminación de las cláusulas de la indexización de los salarios, una política fiscal favorable al mundo de las grandes empresas, debilitar el Estado del Bienestar, privatizando las pensiones y los servicios públicos del Estado del Bienestar, y forzar un descenso muy marcado de la protección social. A esto le llaman “gobierno económico europeo”.
Esta entrada está disponible sólo en Català.
Artículo publicado en PÚBLICO por Vicenç Navarro. 22 de diciembre de 2011.
Este artículo critica el argumento ampliamente reproducido en los fórums políticos y mediáticos de mayor difusión del país que explican los recortes de derechos sociales y laborales como consecuencia de la presión de los mercados financieros. El artículo señala que no son los mercados financieros sino las alianzas establecidas tanto en España como en Europa entre las burguesías financieras y su complicidad con los estados. El artículo concluye que si los estados quisieran podrían controlar los mercados financieros y el que no lo hagan se debe a la excesiva influencia que aquellas burguesías financieras tienen sobre los estados.
Cuando el Gobierno Zapatero afirmaba que tenía que llevar a cabo las políticas de reducción de derechos laborales (como debilitar los convenios colectivos) y sociales (como alargar la edad de jubilación, congelar las pensiones o recortar el gasto público social) como consecuencia de la presión de los mercados financieros, estaba, en realidad, intentando externalizar la responsabilidad de desarrollar unas políticas altamente impopulares. Algo semejante ocurrirá ahora con el Gobierno Rajoy. En ambos casos, los ejecutivos nos dicen que no son ellos sino los de fuera, es decir, los mercados, los que mandan mientras que los gobiernos no tienen otra alternativa que desarrollar tales políticas.
Con la ayuda de los mayores medios de información y persuasión del país, los gobiernos intentan presentar tales políticas como determinadas por fuerzas exteriores sobre las cuales tienen poquísima capacidad de influencia. El gran argumento, que justifica tales políticas, es que son necesarias para “dar confianza a tales agentes externos: los mercados financieros”. En otras palabras, hay que reducir el déficit y la deuda pública, y hay que reducir los salarios y debilitar a los sindicatos a fin de calmar a los mercados para que estos presten su dinero al Estado español, permitiéndole con ello poder pagar sus gastos. El problema con este esquema político-intelectual es que cada uno de los postulados sobre los que se basa es erróneo, es decir, los datos empíricos no lo sustentan. Veámoslos.
En primer lugar, no son los mercados financieros, sino principalmente los bancos, las compañías de seguros y los fondos especulativos españoles (el eje de lo que se llamaba antes la burguesía financiera, término abandonado en el lenguaje político-mediático actual por considerarlo “anticuado”) los que poseen casi la mitad de la deuda pública española. La mayoría de la otra mitad la poseen bancos, compañías de seguros y fondos especulativos europeos, gran número de ellos relacionados con los mismos fondos españoles. Sólo una mínima parte la poseen entidades financieras extranjeras (es decir, de fuera de la Unión Europea).
Los “mercados financieros” son, pues, básicamente nuestras instituciones financieras (españolas y europeas). Utilizo el término “nuestras” para indicar su identificación político territorial, pues de nuestros –en el sentido de posesión por parte de la mayoría de la población– tienen poco. Están controlados por un número pequeñísimo de personas (los gerentes, gobernadores y accionistas), menos del 0,1% de la población, que se benefician enormemente de que el Estado español tenga que pagar hasta un 7% de interés para conseguir dinero prestado de los bancos a los cuales el Estado debe pagar, dinero que procede de los recortes de gasto público en pensiones, sanidad, educación, escuelas de infancia, servicios domiciliarios a las personas con dependencia, entre otros. Las clases populares de España, que son las más afectadas por estos recortes, tienen que apretarse el cinturón para que el Estado pueda pagar a nuestra burguesía financiera, a la cual, por cierto, nuestro Estado ha ido reduciendo sus impuestos y ayudándola, prestándoles millones y millones de euros para que no colapsaran el sistema financiero como resultado de sus prácticas especulativas (y muy en particular en el sector inmobiliario) al estallar la burbuja del ladrillo que ellos crearon.
Pero, por si no fuera poco, tal burguesía financiera, tanto española como europea, ha recibido una enorme cantidad de dinero del Banco Central Europeo (BCE), que es una institución pública (sus dirigentes son nombrados por los estados de la Eurozona, incluido el Gobierno español), que está en la práctica controlado por nuestras (españolas y europeas) instituciones financieras. El BCE imprime millones y millones de euros y los da (bueno, dar, dar, es un decir, aunque los intereses son ridículamente bajos) a los bancos, los cuales, con este dinero, especulan y compran deuda pública a unos intereses desorbitados.
El segundo supuesto erróneo es asumir que no hay otra alternativa a la dependencia que los estados tienen de la banca privada. Ello no es cierto. El Estado puede generar recursos a base de, por ejemplo, incrementar, en lugar de bajar, los impuestos a la banca, a las rentas del capital y a las rentas superiores. Y el BCE, en lugar de dar dinero a la banca, se lo podría dar a los estados para comprar su deuda pública a los mismos intereses que se los da a la banca. Pero no lo hace, con lo cual el Estado tiene que pedir prestado a la banca. Un círculo virtuoso para la banca y desastroso para los estados. Pero las cosas han empeorado todavía más porque cuando por fin el BCE ha comenzado a enviar dinero a los estados comprando su deuda pública, el BCE (que es el lobby de la banca) ha impuesto unas condiciones draconianas, que se resumen en un ataque frontal a las clases populares y a su Estado del bienestar.
No son, pues, los mercados financieros, sino nuestra burguesía financiera, aliada con la burguesía financiera europea, quien está controlando nuestras instituciones públicas, las mismas que nos dicen que no hay alternativas. Y para el máximo abuso, nuestros representantes políticos en su última reunión en Bruselas, quieren ahora asegurar a los bancos (para darles, incluso, más confianza) que estos nunca, repito, nunca, perderán dinero. Es decir, que los estados les deberán pagar siempre el dinero que supuestamente les deben. Y todo ello se presenta con el argumento de que no hay alternativas.
Pero sí que hay alternativas. Los estados pueden controlar a los bancos, en lugar de ser al revés, estableciendo, por ejemplo, bancos públicos. Y pueden cambiar al BCE poniéndolo al servicio de la población y de la economía productiva, y no al servicio de la banca. Que no lo hagan se debe, no al poder de los mercados, sino a la excesiva influencia política y mediática de nuestras burguesías financieras.
Artículo publicado por Vicenç Navarro, 20 de diciembre de 2011
Este artículo describe como la población en Islandia se reveló exitosamente frente a las políticas neoliberales impuestas por el Fondo Monetario Internacional y la Unión Europea.
Islandia es un país de poco más de 300.000 habitantes. No tiene Ejército. Y, sin embargo, derrotó a los centros financieros más importantes del mundo a base de su firmeza y voluntad popular. En las ligas de riqueza que periódicamente se publican, Islandia aparecía como uno de los países más ricos del mundo, ya que su PIB per cápita era de los más elevados. Y todo ello se atribuía a la enorme desregulación de la banca, permitiéndole a ésta lo que quisiera, sin ningún tipo de regulaciones, frenos o inhibiciones. Islandia era el paraíso del neoliberalismo. Las políticas del gobierno islandés estaban orientadas a facilitar y dar la bienvenida al capital financiero de otros países, como Gran Bretaña y Holanda. Ello condujo a una situación en que todo el mundo se endeudó, incluyendo el Estado. La deuda pública pasó de ser 200 veces el PIB del país en 2003 a 900 veces en 2008. Todo parecía ir sobre ruedas hasta que estalló la crisis financiera europea. Entonces, la economía islandesa colapsó. Los tres bancos más importantes de Islandia, Landbanski, Kaupthing y Glitnir fueron nacionalizados. Y su moneda se desmoronó. Su valor descendió un 85% respecto al euro.
Este desastre financiero fue el origen de una revolución popular que cambió el rumbo del país, hasta entonces gobernadas por elites familiares que habían controlado el poder financiero y político del país. Tal revolución popular recuperó su soberanía perdida. El gobierno, respondiendo al colapso, había negociado un préstamo de 3.500 millones de euros de varias fuentes y países. Pero como condición, tanto el FMI como la Unión Europea quisieron imponer unas condiciones draconianas a la población islandesa, tal como está ocurriendo en Grecia, Irlanda, Portugal, España e Italia. Entre estas condiciones estaba una que exigía que cada ciudadano en Islandia pagara 100 euros al mes durante los próximos quince años a fin de pagar la deuda debida a tales bancos. Esta demanda fue la que sacó a la población a la calle, y así se comenzó la revolución islandesa. La idea de que la ciudadanía tenía que pagar el desastre creado como consecuencia del comportamiento irresponsable de la banca, que contó con la complicidad del Estado, fue más de lo que la gente podía tolerar. La presión de la calle –elemento clave en la revolución popular- hizo que el jefe del Estado, Ólafur Ragnar Grímsson, rehusara firmar la ley que exigía que la ciudadanía pagara las deudas privadas y públicas y que aceptara la petición popular de que se convocara un referéndum en el que la población expresara su opinión sobre la citada ley.
Los gobiernos británico y holandés, en nombre de sus bancos, así como el FMI y la Unión Europea, amenazaron por todos los medios con convertir a Islandia en la Cuba del Norte de Europa, aislándola completamente, como había ocurrido después de la revolución cubana. Pero la población respondió que “si aceptaban la ley propuesta por las élites gobernantes, Islandia se convertiría en el Haití del Norte”. En Marzo de 2010 la población votó en el referéndum y nada menos que el 93% rechazó aquella ley. El enfado de la población se tradujo en un movimiento que exigió responsabilidades civiles y criminales a los responsables de la crisis financiera en Islandia, incluyendo el que había sido el Primer Ministro de Islandia, así como los presidentes de los tres bancos que tuvieron que ser nacionalizados. Todos ellos han terminado en los tribunales, y no se excluye que terminen en la cárcel.
Fruto de la indignación popular, también se exigió que se hiciera una Nueva Constitución escrita, no por el Parlamento, sino por una Comisión Popular, formada por 25 ciudadanos sin filiación política entre 522 adultos que habían sido elegidos por la población. Se está elaborando el borrador, y la comisión está recibiendo comentarios por Internet. Cuando el proceso termine, será sujeto al Parlamento para su aprobación.
Varias consecuencias pueden deducirse de lo dicho hasta ahora. Una de ellas es que todas las previsiones de “catástrofe” que ocurriría si el referéndum fuera rechazado –como lo fue-, provenientes de los centros financieros, FMI y de los gobiernos de la UE, fueron ignorados, pues eran motivados para crear una cultura del miedo que servía a sus intereses. La otra conclusión es que cualquier solución al enorme problema creado por los bancos extranjeros y nacionales pasa por recuperar la soberanía por parte de la población. Islandia demuestra la necesidad de no delegar el poder popular a otras instituciones que claramente han mostrado que no representan los intereses de la mayoría de la población.
Ver artículo en PDF
Artículo publicado por Vicenç Navarro en el diario digital EL PLURAL, 19 de diciembre de 2011
Este artículo señala los paralelismos existentes entre la situación en Alemania en los años 1931 y 1932 (cuando las políticas de austeridad impuestas por el gobierno alemán causaron una gran depresión, causa del nazismo) y la existente hoy en muchos países de la Eurozona como Grecia y Portugal, resultado de la aplicación de las mismas políticas de austeridad exigidas ahora por el gobierno alemán de la canciller Angela Merkel.
El gobierno alemán está proponiendo (en realidad imponiendo) políticas de austeridad a todos los países de la Eurozona, forzándoles a que recorten de una manera muy marcada su gasto público, incluyendo el gasto público social. La Sra. Angela Merkel cree erróneamente que tales políticas ayudarán a los países de tal zona monetaria a salir de su enorme recesión. La evidencia histórica, incluida la existente en el propio pasado de Alemania, muestra lo profundamente equivocada que está Angela Merkel. En un interesante artículo, el politólogo y economista alemán Fabian Lindner (“European Austerity. Is this 1931 all over again?”) detalla la génesis del nazismo en Alemania, mostrando los preocupantes paralelismos entre la situación actual en gran parte de los países de la Eurozona y la existente en los años veinte y treinta del siglo pasado en Alemania y en Europa. Fabian Lindner señala que la economía alemana se colapsó en 1931 como resultado de las políticas de gran austeridad realizadas por el gobierno alemán. Como ahora, el dogma oficial había afirmado que había que recortar el déficit del Estado como condición indispensable para permitir la recuperación económica. El canciller Heinrich Brüning, sabiendo lo impopular de tales medidas de austeridad, que incluían reducciones salariales (tanto en el sector público como privado), gobernó por decreto, saltándose el Parlamento Alemán.
Alemania tenía una enorme deuda pública, que debía sobre todo a Francia y Gran Bretaña, como reparaciones a los vencedores en la I Guerra Mundial, donde había sido derrotada. Para pagar su deuda pública, Alemania tuvo que pedir dinero, sobre todo de EEUU, que exigía ser pagado en dólares. Y para pagar esta deuda, Brüning redujo el 30% del gasto público, afectando sobre todo a los salarios públicos y a la Seguridad Social. Como consecuencia, el PIB bajó un 8% en 1931 y un 33% en 1932, causando un enorme crecimiento del desempleo, que alcanzó el 30%. La gente entró en pánico y el dinero depositado en los bancos dejó el país rápidamente (los parecidos con la situación actual de Grecia son enormes). El sistema bancario se colapsó, y el crédito desapareció. Dos años más tarde, Hitler salió elegido en el Parlamento alemán que suprimió más tarde. Hitler siguió políticas keynesianas (keynesianismo militar) que sacó Alemania de la depresión.
Los paralelismos entre la Alemania de los años treinta y lo que está ocurriendo en Grecia, Portugal y pronto en España e Italia, son preocupantemente altos. Es un profundo error que el gobierno alemán esté imponiendo aquellas políticas de austeridad a estos países. Fue precisamente la parálisis económica de los años 1931 y 1932, creada por las políticas de austeridad, la que determinó el triunfo (electoral) del nazismo.
Una última apostilla. Después de la segunda derrota, la II Guerra Mundial, Alemania tenía una enorme deuda, de nuevo con los países vencedores del conflicto. Los aliados le perdonaron la mitad de la deuda. Sin esta medida, Alemania no se habría recuperado. ¿Tan poca memoria tiene la Sra. Merkel?
Ver artículo en PDF
Artículo publicado por Vicenç Navarro en la revista digital SISTEMA, 16 de diciembre de 2011
Este artículo señala que la austeridad generalizada promovida por la reunión de los dirigentes de la Unión Europea en Bruselas llevará a Europa a una Gran Recesión e incluso Depresión.
Uno de los economistas que me influenció más en mi juventud cuando viví en Suecia fue Gunnar Myrdal, que tuvo una enorme influencia en el desarrollo de las políticas públicas en los países escandinavos. Recuerdo que en una ocasión, Myrdal, que fue galardonado con el Premio Nobel de Economía en 1974, me dijo, en un tono muy crítico del pensamiento económico dominante en aquel momento, que los dogmas económicos son mucho más peligrosos que los dogmas religiosos. Ambos son impermeables a los datos, a la evidencia empírica y a la razón. Y lo que ha ocurrido en la última reunión de los dirigentes de la Unión Europea confirma esta observación.
Tras terminar tal reunión convocada para “salvar el euro”, ha habido una respuesta en los mayores medios de difusión, que considera positivos los acuerdos tomados, viéndose éstos como un paso adelante hacia la necesaria unión fiscal de tal comunidad económica, que facilite el desarrollo de una Europa más unida y más fuerte. La base de este optimismo es la creencia de que las medidas de gran austeridad (exigiendo equilibrios presupuestarios a todos los países) tomadas por los 26 representantes gubernamentales (todos excepto Gran Bretaña) recuperarán “la confianza de los mercados financieros” en los Estados y en su habilidad para pagar su deuda pública, exigiéndoles menos intereses. También se nos dice que tal confianza se afianzará con la ayuda del BCE a los bancos privados con lo cual éstos podrán ofrecer crédito a las empresas y a los ciudadanos para que pueda reavivarse así la economía un tanto paralizada por falta de crédito. Ayudando a esta reactivación –añaden- estará la medida ya adoptada por el BCE (que ha sido reafirmada en dicha cumbre) de que éste tendrá que condicionar la compra de deuda pública al refuerzo de la austeridad de gasto público social y su deuda pública, exigiendo también que el Estado presione para que se bajen los salarios y la protección social, y con ello facilitar el crecimiento de las exportaciones y la salida de la recesión. La devaluación doméstica –como la alternativa a la devaluación monetaria- se ve como la única manera de salir de la crisis.
Hasta aquí el dogma reproducido en la reunión de los máximos dirigentes de los países de la Unión Europa y promovido por los medios de mayor difusión. El único problema que tiene tal dogma es que toda la evidencia científica existente muestra el error de cada uno de sus supuestos. Vayamos por partes y veamos los datos para cada supuesto.
Las políticas de austeridad acordadas, consecuencia de la exigencia de equilibrar las cuentas del Estado (y que tendrán que ser escritas en piedra en la Constitución de cada país), no son nuevas. En realidad, han sido las que se han estado implementando durante estos años de crecimiento económico negativo, nulo, o casi nulo. Todos los países de la Unión Europea, comenzando por los de la Eurozona, han estado reduciendo su déficit público sin que haya tenido ningún impacto positivo en el crecimiento económico de tales países. Antes al contrario, lo ha ido empeorando. Es más, el argumento que señala que el déficit (y la supuesta exuberancia de gasto público) era la causa de la crisis, queda negada por el hecho de que España tenía un superávit en sus cuentas del Estado y una deuda pública mucho más baja que el promedio de la UE-15, cuando se inició la crisis en 2007. A pesar de esta evidencia, España y los otros países continúan recortando y recortando, con la consiguiente disminución del crecimiento económico. El resultado se ve muy claramente, primero en Grecia, después en Irlanda, posteriormente en Portugal, luego en España y finalmente en Italia. Y pronto lo veremos en Francia y en Alemania.
UNIFORMIDAD ES DESTINO A UNIDAD
Por cierto, tal como ha señalado el profesor Kevin O’Rourke, de la Universidad de Oxford (“A Summit to the Death”), la reunión de los 26 confunde uniformidad con unidad. En realidad, la demanda de que todos tengan que bajar el gasto público y equilibrar su presupuesto es un indicador de la inexistencia de una Unión, puesto que si la UE estuviera unida, querría decir que tendría que haber ahora, en momentos de recesión, una transferencia de fondos del centro a la periferia, como la hubo de la periferia al centro durante la época de bonanza. Exigirles a los países periféricos con grandes dificultades, que acentúen todavía más, su austeridad, adecuándola a la de los países céntricos, es un indicador de uniformidad y desunión, no de unión. Es una uniformidad impuesta por el centro a la periferia. Creerse que esta austeridad ayudará a la expansión económica de la periferia es cerrar los ojos a lo que ya está pasando en la Eurozona.
El otro supuesto falsificado por la evidencia es que la devaluación doméstica ayudará a la expansión de la economía de la Eurozona. De nuevo, como señala el profesor O’Rourke, la evidencia muestra precisamente lo contrario. La producción industrial en la Eurozona, incluyendo en Alemania, ha ido descendiendo desde 2009, con un declive notable de las exportaciones. Como consecuencia, el crecimiento de Alemania será casi imperceptible en 2012. País por país, el declive de los salarios y de la demanda doméstica, ha sido un factor determinante de esta disminución de la demanda, y con ello la disminución también de los ingresos al Estado, dificultando la reducción del déficit. Es suicida continuar enfatizando que la salida de la recesión exige una devaluación doméstica de los países de la Eurozona. Que los diseñadores de políticas continúen enfatizando estas medidas muestra la intensidad de su fe frente a la razón, como afirmaba Gunnar Myrdal.
Por último, es sorprendente que tras haberse consumido millones y millones de euros en mantener vivo el sistema financiero, sin que aumente la disponibilidad del crédito, la reunión de Bruselas alentara al BCE a que incrementara tal ayuda a la banca privada, con el fin de que aumentara el crédito. Si no ha ocurrido hasta ahora, ¿por qué creen que ocurrirá ahora? La respuesta se basa también en una creencia también de carácter religioso que el sector privado es más eficiente que el público y esto lo dicen con toda seriedad, incluso después del desastre creado por la banca privada. Y así estamos, yendo hacia la Gran Depresión.
Entrevista realizada por los estudiantes progresistas de Catalunya.
Esta entrevista con el Profesor Navarro se centra en el análisis de las causas de la gran crisis de la socialdemocracia en España.
Pregunta (P.) ¿Cómo interpreta el enorme descenso electoral del PSOE y del PSC?
Respuesta (R.) Creo que hay que diferenciar entre el PSOE y el PSC. Son dos partidos que existen en contextos diferentes como son España y Catalunya. En España el fenómeno bipartidista define de una manera muy marcada la vida política española, mucho más que en la política catalana, donde está menos acentuado el bipartidismo, con mayor pluralidad de sensibilidades políticas y, por lo tanto, de alianzas políticas que influencian en gran manera el comportamiento del partido socialista en Catalunya.
(P.) Centrémonos, pues, primero en el PSOE ¿Cómo explica su declive?
(R.) Tal declive era muy predecible, y para entenderlo hay que remontarse al año 2004, cuando se establecieron las bases conceptuales de la política económica y fiscal del gobierno socialista. La filosofía del equipo Zapatero queda muy bien reflejada en el libro de Jordi Sevilla De nuevo socialismo, influenciado por el New Labor del Sr. Tony Blair. En este libro del asesor económico de mayor influencia en lo que en España se llamaba la Nueva Vía -más tarde conocida como zapaterismo- queda bien definida esta política de que hay que bajar los impuestos, de que debe diluirse la progresividad fiscal, de que hay que desregular los mercados, incluido el financiero, de que hay que evitar la expansión del gasto público y otras medidas de claro corte neoliberal, aún cuando su autor utiliza el término liberal. En términos económicos, el neoliberalismo es la versión acentuada del liberalismo.
(P.) Usted hace una crítica de la política económica y fiscal de la Nueva Vía en su libro “El subdesarrollo Social de España: Causas y Consecuencias”.
(R.) Sí. También critico la visión que tiene otro autor –Miguel de Sebastián- que tuvo gran influencia en el desarrollo de estas políticas que definí como socioliberales. Este autor tomaba el Partido Demócrata de EEUU como su modelo, un partido que conozco bien y que es un mero instrumento de lo que en EEUU se llama la Corporate Class, la clase del gran mundo empresarial.
(P.) Usted utilizó el término socioliberal que se extendió más tarde ¿Qué quiere decir con este término?
(R.) Que son liberales, y alguno de ellos claramente neoliberales, que intentan tener sensibilidad social. No dudo de que la tengan. En realidad, el gasto público social por habitante creció notablemente durante el periodo 2004-2008, una de las causas de su reelección. Hay que señalar también que el hecho de que tuvieran que aliarse con los partidos a su izquierda IU, ICV-EUiA, ERC y BNG facilitó el desarrollo de su sensibilidad social.
Pero tal expansión del gasto público social no se debió a reformas fiscales progresivas y redistributivas, sino al crecimiento económico consecuencia de la burbuja inmobiliaria. En realidad, Zapatero disminuyó los impuestos, sobre todo de las rentas superiores y de las rentas del capital. Ello creó el déficit estructural del Estado que quedó oculto con la burbuja inmobiliaria y el consecuente incremento de los ingresos al Estado. Pero cuando la burbuja estalló, apareció con toda su dimensión aquel déficit estructural del Estado. Es absurdo que ahora se intente reducir el déficit a base de recortes del gasto público, incluyendo el social, en lugar de revertir la bajada de impuestos que ocurrió durante los gobiernos Aznar y Zapatero.
(P.) Y su neoliberalismo económico y fiscal fue la causa del declive electoral del PSC.
(R.) No hay ninguna duda de ello. La respuesta del equipo económico del gobierno Zapatero a la crisis fue típicamente neoliberal. No hay que olvidar que su Ministro de Economía, el Sr. Solbes, había dicho que su máximo logro al final de su primer mandato, 2004-2008, había sido no aumentar el gasto público –dicho en el país que tiene un gasto público, incluido el social, más bajo de la UE-15-. Solbes había sido el comisario de Hacienda y Asuntos Monetarios de la UE, es decir, el guardián de la “ortodoxia neoliberal” en la Unión Europea. Era lógico y predecible que no entendiera la crisis que se les venía encima.
Y las políticas económicas de Elena Salgado eran una mera continuación de las políticas de Solbes. Fueron en realidad una extensión de Solbes. Cuando Salgado fue Ministra de Sanidad, nunca cuestionó el dogma existente en el Ministerio de Economía y Hacienda de que España se gastaba ya en sanidad lo que le correspondía por su nivel de riqueza.
(P.) El argumento de muchos economistas neoliberales en España.
(R.) Sí, tal argumento está basado en una serie de supuestos altamente cuestionables y fácilmente falsificables. En realidad, España se gasta en sanidad mucho menos de lo que le corresponde por su nivel de riqueza. Y este déficit de gasto público en sanidad se reproduce en todas las áreas del Estado del Bienestar. España se gasta 66.000 millones de euros menos de lo que debería gastarse por su nivel de riqueza.
(P.) Usted cree, pues, que el equipo económico del equipo Zapatero era y es neoliberal
(R.) Creo que la evidencia es bien clara. Gran número de sus economistas procede de la banca: Miguel de Sebastián, David Taguas -que quería privatizar la Seguridad Social, como hizo el general Pinochet en Chile- y muchos otros. Y gran número de ellos han sido académicos financiados por la banca o instituciones como Fedea, que ha estado, a su vez, financiada por la banca. Su respuesta a la crisis ha sido predeciblemente neoliberal. Todos ellos asumen erróneamente que el problema financiero que tiene España se debe a la famosa “falta de confianza” que tienen los mercados financieros hacia los Estados, incluyendo el español. De ahí su receta de que hay que recortar el Estado del Bienestar para dar “confianza” a los mercados.
(P.) Usted ha escrito extensamente críticas hacia esta postura
(R.) Sí. Las políticas públicas basadas en tales teorías neoliberales han sido innecesarias y contraproducentes. Fíjese. Toda una serie de medidas, tales como la congelación de las pensiones, reducción del gasto y empleo público, incluyendo gasto público social, desregulación de los mercados laborales, reducción de los salarios, retraso de la edad de jubilación, entre otros, han sido inútiles para recuperar lo que ellos llaman “la confianza de los mercados”. Hoy la prima de riesgo es más elevada que antes de iniciarse estos recortes. ¿Para qué han servido todas estas políticas?
(P.) Pero el gobierno Zapatero se defiende diciendo que no tenía otra alternativa.
(R.) Ello no es cierto, y es fácil de demostrarlo. Los mercados financieros, o Bruselas, o Merkel-Sarkozy, o cualquier influencia externa a la cual puedan hacer referencia, insiste en que hay que reducir el déficit, pero no dicen cómo hay que reducirlo. Nadie le dijo a Zapatero que tenía que congelar las pensiones. Fue una decisión suya, a fin de ahorrar 1.500 millones de euros. Pero podría haber conseguido estos fondos, incluso mayores, revirtiendo la bajada del impuesto de sucesiones, consiguiendo 2.552 millones de euros o recuperando el impuesto del patrimonio, 2.100 millones, o eliminando la bajada de impuestos de las personas que ingresan más de 150.000 euros al año, 2.500 millones de euros. No escogió estas medidas, y en su lugar congeló las pensiones. No es cierto que no había alternativas. En el libro que Juan Torres, Alberto Garzón y yo hemos escrito Hay alternativas. Propuestas para crear empleo y bienestar en España, detallamos las alternativas posibles. En realidad, escogieron, en ocasiones, las más duras e impopulares para mostrar al exterior que tenían “el coraje de tomar decisiones impopulares” Una especie de machismo económico para impresionar a los mercados, o a Bruselas o a Merkel-Sarkozy. Como siempre, su coraje se limitaba a enfrentarse con los débiles, mostrando una gran cobardía para enfrentarse con los poderosos.
(P.) La necesidad de impresionar a los mercados, entre otros, era, pues, la motivación de sus políticas.
(R.) El equipo económico cree en el dogma neoliberal que, como le acabo de decir, asume que la crisis se debe a la falta de confianza de los mercados. Y de ahí su estrategia de dar confianza. El error de este supuesto es enorme y está causando estragos en el bienestar de la población. El problema no es la falta de confianza de los mercados especulativos sino la ausencia de herramientas del Estado español para defenderse de mercados especulativos. Los Estados de la Eurozona no tienen la capacidad de imprimir moneda y comprar su propia deuda pública, defendiéndola frente a los mercados. Y el Banco Central Europeo no es un banco central. Es predominantemente un lobby, y muy en especial de la Banca alemana Ahí está el problema. Ninguna deuda pública está a salvo. Ni siquiera la deuda pública alemana. Todo este argumento de recuperar la confianza de los mercados es una frivolidad o una excusa para recortar el Estado del Bienestar. No hay que ignorar que la banca y la gran patronal están utilizando la crisis como excusa para conseguir lo que siempre han deseado, es decir, la reducción de los salarios y de la protección social.
(P.) De ahí la indignación del electorado del PSOE
(R.) Exacto. Lo que vimos en el 20-N no fue sólo un desapego hacia el PSOE, sino un enfado. Al PSOE le costará mucho remontar este enorme bache.
(P.) ¿Cree usted que hay posibilidades de que vuelvan a movilizar a sus bases electorales?
(R.) Sería muy necesario para el país, pero lo dudo seriamente. No veo una actitud autocrítica suficiente.
(P.) Pero el candidato Rubalcaba pareció distanciarse de las políticas de Zapatero.
(R.) No he visto una postura crítica de Rubalcaba hacia el último gobierno. Antes al contrario. Felicitó a “Zapatero por haberse sacrificado por el bien del país”, lo cual parece conllevar el argumento de que las políticas del Gobierno, del cual era el segundo de a bordo, fueron las mejores para el país. Creo que lo que está ocurriendo muestra que tales políticas no eran las que el país necesitaba.
(P.) Hay un intento de presentar a Zapatero como el Schröder español.
(R.) Es interesante que se presente esta semejanza como una comparación positiva, pues se asume erróneamente que Schröder hizo las reformas necesarias para que Alemania se enfrentara, más tarde, exitosamente a la crisis. En realidad, Schröder estableció las bases para el deterioro del bienestar de las clases populares y que no se resolviera la crisis actual. En España, los mayores medios de información han idealizado Alemania. El modelo alemán es el modelo del mundo financiero y de la gran patronal, y su supuesto “milagro” ha estado basado en una gran explotación de la clase trabajadora alemana. Hoy, el modelo alemán basado en exportaciones es uno de los mayores responsables del estancamiento económico de la Eurozona. Si Oskar Lafontaine, el Ministro de Economía de aquel gobierno, hubiera ganado en su disputa con Schröder, hoy Alemania y su demanda doméstica, basada en el crecimiento de los salarios y de la protección social, sería el motor de la recuperación económica de la UE. En lugar de ello, Alemania está estancada y la Eurozona está estancada. Y con un notable deterioro de su bienestar social, consecuencia de las políticas iniciadas por Schröder. El 53% de la población alemana juzga insuficiente su protección social, y el 64% está insatisfecha con su sanidad y con su educación, y un largo etcétera. El Estado del Bienestar alemán se ha ido reduciendo, consecuencia de aquellas reformas.
(P.) Pero el desempleo es muy bajo y continúa bajando.
(R.) Pero ello no se debe a las reformas introducidas por Schröder. Se debe al sistema de cogestión en que los trabajadores tienen peso dentro de las empresas e impiden a los empresarios a que despidan a los trabajadores, insistiendo en que se distribuya el tiempo de trabajo, disminuyendo las horas de trabajo por trabajador en lugar de destruir puestos de trabajo. Lo que ha conseguido la reforma laboral de Schröder ha sido que el 20% de los asalariados sean trabajadores pobres.
Y mientras, el excedente producido por el crecimiento de la productividad ha ido, no a mejorar los salarios y la protección social, sino a enriquecer las rentas del capital, creándose una enorme plusvalía de euros, resultado de la importancia de las exportaciones como motor de su economía que, a través de sus bancos, posee la mayor deuda pública y privada de los países periféricos.
El modelo alemán le ha ido muy bien a la Banca alemana y al mundo empresarial exportador para el cual hoy Schröder trabaja. Pero, el modelo alemán construido en una enorme explotación de su clase trabajadora, como bien predijo una de las mentes más claras de la socialdemocracia alemana, Oskar Lafontaine, que está perjudicando a todas las clases populares de los países de la Eurozona,
(P.) ¿O sea, que usted acepta este paralelismo entre Schröder y Zapatero?
(R.) Sí. Los dos fueron responsables del colapso de la socialdemocracia y de la crisis posterior, acentuado por sus alianzas con Merkel.
(P.) No ve usted a Rubalcaba como posible cambio.
(R.) No. Pero a esta observación hay que añadir varios comentarios. Uno es que lo más sorprendente de lo que ha ocurrido en el PSOE en los últimos años de crisis es el enorme silencio frente a unas políticas tan contrarias al proyecto socialdemócrata. Ha sido un enorme signo de falta de cultura democrática del PSOE -que se reproduce en el PP-la falta de voces críticas a Zapatero y a sus políticas. Sólo un miembro del partido socialista, Josep Borrell, criticó abiertamente la reforma constitucional y la ausencia de un referéndum que la ratificara. No es de extrañar que continúe siendo una de las figuras más populares entre las bases de aquel partido. Por lo demás, ha habido un silencio ensordecedor. ¿Dónde estaban las “izquierdas socialistas”? Este silencio y unanimidad han hecho un enorme daño y hace poco creíbles ahora los cambios de Rubalcaba.
Otra respuesta es que es poco creíble y muy poco coherente que personas que han defendido y compartido el proyecto Zapatero ahora se presenten como reformadores. La victoria de Rajoy, cuyas habilidades dialécticas y argumentativas son claramente limitadas, en el reciente debate televisivo se basó en acentuar la responsabilidad que tenía Rubalcaba en cada una de las áreas que él ahora criticaba, preguntándole, además, por qué no había plasmado sus propuestas mientras estaba en el gobierno.
(P.) Usted duda, pues, de que la reforma pueda proceder de los grandes nombres que aparecen en los medios
(R.) Sí, porque se les ve y percibe como meramente oportunistas. Dan la imagen de que cambian de chaqueta cuando les conviene. Tendrían que haber criticado con anterioridad, incluso a costa de su cargo, pero estuvieron no sólo callados, sino que defendieron aquellas políticas.
(P.) Decía usted que había otras razones para su escepticismo sobre la capacidad de reforma.
(R.) Otra razón es la manera como se está intentando hacer la reforma. Compárese con las primarias Almunia-Borrell del 2000 o con las primarias del partido socialista francés. Lo que estamos viendo es un intento controlado de evitar cambios más profundos en el PSOE. Debieran ser los militantes y simpatizantes, y no un comité federal, los que escogieran al candidato. El hecho de que no sean los militantes es un indicador de que desea controlarse. La dirección es consciente de la enorme indignación que existe entre las bases y no quieren que éstas hablen directamente. Desean que sean los aparatos del partido aquéllos que decidan.
(P.) Hablemos del PSC. ¿Cómo explica su crisis?
(R.) El Partido Socialista de Catalunya ha sido históricamente más progresista que el PSOE. Y su gobierno, el tripartito, ha sido mucho más progresista que el gobierno Zapatero. Ayudó a ello que el PSC tuvo que gobernar con la ayuda de otros dos partidos a su izquierda, ICV-EuiA y ERC, que reforzaron su dimensión de izquierdas.
(P.) ¿Qué diferencias ve entre el gobierno Zapatero y el tripartito?
(R.) Bastantes. Una de ellas es que fue crítico, incluso explícitamente, con las políticas fiscales del Gobierno Zapatero. Cuando Zapatero dijo que “bajar impuestos era de izquierdas”, el conseller de Economía, Antoni Castells, del gobierno tripartito, lo criticó pública y explícitamente. Y tal gobierno aumentó los impuestos de las rentas superiores, al contrario de lo que hizo el gobierno Zapatero. Fue también más progresista en las áreas sociales, donde Zapatero fue bastante timorato. Las reformas sanitarias, educativas, sociales y de la vivienda del tripartito fueron, en general, más progresistas que las del gobierno Zapatero. No quiero desmerecer las políticas sociales del gobierno PSOE. Y algunas, como las ambientales, fueron profundas. Pero en general, el contexto político de Catalunya favoreció una alianza política que determinó unas políticas más progresistas en Catalunya que en el gobierno de España.
(P.) Pero, ¿cómo explica usted el mal nombre del gobierno tripartito?
(R.) Por la enorme agresividad del establishment conservador neoliberal que domina la vida intelectual y mediática de Catalunya (incluidos los medios públicos TV3 y Catalunya Ràdio). La alianza oportunista de ERC con CiU en los medios públicos de la Generalitat, durante el tripartito, ayudó a desacreditar al tripartito a costa de CiU. Fue un enorme error de ERC que le costó las elecciones, donde el nacionalismo aumentó a costa de la sensibilidad social en tales medios. Siempre que ERC se corre hacia la derecha, apoyando a CiU, pierde parte de su electorado.
(P.) Usted ha criticado a las fuerzas conservadoras nacionalistas catalanas por utilizar el argumento del déficit fiscal para ocultar el déficit social.
(R.) Exacto. La mayor causa del deterioro social de Catalunya es que las clases pudientes –representadas por las derechas- no están pagando los impuestos que deberían. Los nacionalistas de derechas utilizan las banderas para esconder este hecho hablando de “expolio nacional” cuando el “expolio social” es mucho mayor.
(P.) ¿Ha intervenido el Gobierno Zapatero en la política catalana?
(R.) Sí, y de una forma negativa más que positiva. Y de ahí la otra causa del declive del PSC.
(P.) ¿Cómo?
(R.) Su dependencia del PSOE ha limitado su capacidad de protesta y crítica. Como ya les he dicho, es sorprendente el silencio del PSC en cuanto a las políticas económicas y fiscales del gobierno Zapatero en su segundo mandato. Estoy hablando del PSC, no del gobierno. El gobierno está limitado en cuanto a lo que puede decir, pero no así el partido. El hecho de que los responsables de las áreas dentro del partido fueran también los respectivos consellers, dificultó enormemente el distanciamiento del partido del gobierno Zapatero. El PSC debía haberse distanciado de las políticas de Zapatero, criticándolas. Su silencio fue suicida. Y el hecho de que algunas voces de la dirección las defendieran fue un error tremendo, del cual han pagado un coste elevadísimo.
(P.) Sí, es sorprendente que ningún dirigente del PSC criticara las políticas de Zapatero
(R.) Sí. Como también es sorprendente la lentitud en la respuesta del PSC a los recortes del gobierno Mas. Hay un momento después de las elecciones catalanas que es significativo. Es cuando una figura mayor en el equipo económico del tripartito, en un esperado discurso después de perder las elecciones, aprobó y apoyó los recortes sociales del gobierno Mas, acusando a los que nos oponíamos como “demagogos”, el término más utilizado en la narrativa del establishment catalán para responder a las críticas que se les hacen. Por fin, la dirección del PSC critica ahora tales recortes en el gobierno CiU. Pero hubieran tenido más credibilidad si lo hubieran hecho antes frente a los recortes del gobierno Zapatero.
La segunda parte de esta entrevista (titulada El futuro de las izquierdas) se publicará en un próximo número.
Vicenç Navarro, Catedrático de Políticas Públicas de la Universidad Pompeu Fabra y Profesor de Public Policy. The Johns Hopkins University
Artículo publicado por Vicenç Navarro en el diario PÚBLICO, 8 de diciembre de 2011
Este artículo señala que el mal llamado problema de la deuda pública con los intereses exagerados que los países tienen que pagar para cubrir su deuda tiene poco que ver con la confianza de los mercados y mucho que ver con la manera como se diseñó el Banco Central Europeo, impidiendo que los Estados se protegieran frente a la especulación de los mercados financieros. El artículo señala que este diseño se hizo para potenciar los intereses del capital financiero, utilizando el Banco Central Europeo como mecanismo de reducción de los salarios y privatización del Estado del Bienestar.
¿Para qué sirve un banco central? Una de las actividades que un Banco Central realiza en un país es imprimir dinero, y con él comprar la deuda pública de su Estado, y con ello bajar los intereses que tenga que pagar su Estado para poder vender sus bonos públicos. De esta manera, cuando los mercados financieros quieren especular sobre el precio de tales bonos públicos (promoviendo en los medios de información –ayudados por las agencias de calificación de riesgos, como Standard & the Poors- que los Estados no podrán pagar los intereses de tales bonos, forzándoles a pagar unos intereses muy altos para poder vender sus bonos -lo que se llama la prima de riesgo), entonces el banco central hace funcionar sus imprentas y produce moneda con la cual comprar su deuda pública, defendiéndola frente a la especulación. Esto es lo que hace un banco central digno de su nombre. Ni que decir tiene que hay también riesgos en imprimir mucho dinero, porque cuando hay mucha moneda puede incrementarse la inflación. Pero la inflación en la Eurozona no es un problema. Antes al contrario, es demasiado baja, dificultando el crecimiento económico, que es el mayor problema de tal comunidad monetaria.
El problema con la deuda pública de los países de la Eurozona es que sus bancos centrales no pueden imprimir dinero ni tampoco pueden comprar su deuda pública. Los Estados están totalmente desprotegidos De ahí que todos (desde Grecia hasta Alemania) tienen o tendrán problemas con su deuda pública. El único banco central que puede imprimir dinero es el Banco Central Europeo (BCE). Pero el problema con este BCE es que no actúa como un banco central, es decir, no compra los bonos públicos de los Estados miembros, ni tampoco presta dinero a los Estados. El famoso artículo 123 de su Reglamento lo dice muy claro. El BCE no podrá comprar deuda pública de los Estados. Éstos están totalmente desprotegidos. No pueden hacer nada frente a la especulación de los mercados financieros.
Los que sí, en cambio, pueden pedir prestado dinero al BCE, son los bancos privados, y lo pueden conseguir a unos intereses bajísimos, al 1,25%. En cambio, los Estados tienen que pedir prestado dinero a los bancos, pagando unos intereses elevadísimos, incluso del 7% como es el caso de Italia (en España es el 6,5%). Este arreglo es una bonanza para los bancos privados. Consiguen dinero fácilmente del BCE y con ello compran bonos públicos que les producen una rentabilidad del 6% o del 7% de lo que compran. El BCE actúa de esta manera, privilegiando a los bancos privados sobre los Estados, transformando el BCE en un lobby de la banca.
Como consecuencia de esta situación, los Estados se tienen que endeudarse más y más, debiendo mucho dinero a los bancos privados. Y ahí está la raíz del mal llamado problema de la deuda pública, que es incluso más acentuada en aquellos países, como Grecia, Portugal, Irlanda, España e Italia, que habiendo estado gobernados por las derechas por la mayoría del periodo post II Guerra Mundial, tienen Estados muy pobres (sus ingresos al Estado son muy bajos. España, por ejemplo, sólo representa un 34% del PIB, frente al 44% en el promedio de la UE-15, o el 52% en el caso de Suecia), resultado de unas políticas fiscales muy regresivas y un enorme fraude fiscal (En España se calcula que alcanza unos 65.000 millones de euros).
La deuda pública de estos Estados ha ido creciendo, no porque su gasto público haya ido creciendo (como los autores neoliberales erróneamente indican), sino porque han cambiado de banco. En lugar de conseguir dinero de su propio banco central, ahora tienen que pedir prestado dinero de los bancos privados. En realidad, si pudieran prestar dinero del BCE a unos intereses de 1,25% (como los bancos privados) no habría ningún problema con su deuda pública. (Ver Ellen Brown, “The European Central Bank withholds relief while Rome Burns”). Y ahí está la raíz del problema. Se ha diseñado un sistema en la Eurozona en que los Estados dependen de la banca privada para conseguir dinero. Y ésta es una realidad que el lector raramente leerá en la prensa financiera o económica.
Los bancos se forran a costa del endeudamiento de los Estados. Un círculo virtuoso para la banca. Pero la situación es incluso peor que la ya descrita, pues el BCE al romper con el espíritu del famoso artículo 123, comprando deuda pública a los Estados, tales como España e Italia, ha puesto como condición que los salarios y la protección social disminuyan, acentuando la necesidad de privatizar el Estado del Bienestar, tanto sus transferencias públicas como las pensiones, así como los servicios públicos como la sanidad. Estas condiciones están escritas en una carta, no conocida por el público, que el gobernador del BCE, el Sr. Trichet, y el gobernador del Banco de España, el Sr. Fernández Ordóñez, le escribieron al Presidente Zapatero condicionando la compra de bonos públicos del Estado español a la toma de tales medidas por parte del Estado Español.
Un tanto semejante ha ocurrido con Italia. ¿Por qué hacen tal petición en su carta? En teoría, esta reducción de los salarios y de la protección social se exige para aumentar la competitividad de la economía española y salir así de la recesión. Este es el argumento neoliberal hoy en boga. Es fácil de demostrar que este argumento carece de credibilidad. Suecia es el país con salarios más elevados y con mayor protección social, y su tasa de crecimiento económico es de un 5,6%, uno de los más elevados de la Unión Europea. La explicación real es que, por una parte el descenso de los salarios aumenta el endeudamiento de la población (lo cual es bueno para la banca) y por otra, la privatización de las transferencias y de los servicios del Estado del Bienestar es la generalización de la deseada privatización de las pensiones públicas y la privatización de la sanidad, el sueño de la banca y de las compañías aseguradoras. Y lo están consiguiendo.